Un director técnico laureado

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Allí donde el guaraní Agustín Pío Barrios “Mangoré” instituyera su morada eterna, allí donde nos legara a la eternidad sus esplendorosas composiciones musicales, las más excelsas del planeta, otro paraguayo, el director técnico de fútbol Roberto “Toto” Gamarra, cinceló la historia deportiva de la República de El Salvador (Centroamérica) con profundos surcos, dejando su nombre grabado para la eternidad.

El recordado futbolista de los años 80 que hacía vibrar a la hinchada con su apasionada y endiablada forma de jugar, y sobre todo por su peculiar estilo de celebrar los goles, está de visita con sus alforjas llenas de éxito como entrenador, un profesional de quilates que fue a demostrar en tierras extrañas su gran capacidad competitiva. En las estadísticas locales pasa a ser el entrenador paraguayo con mayor cantidad de títulos obtenidos en el extranjero.

Como jugador, Roberto “Toto” Gamarra fue una especie de “George Best” (inglés) del fútbol paraguayo, porque cuando tomaba el balón levantaba a la afición y se confundía con ella en el festejo de sus “locuras”. Hoy es un entrenador joven y experimentado a la vez, con carácter, de aquellos instructores idóneos que tanto requieren los clubes de élite, sobre todo porque inspira seguridad y confianza en los dirigidos como en los dirigentes de cualquier institución. Una gran personalidad es su sello distintivo, siendo su temperamento muy admirado y respetado por todos.

Su eficacia y capacidad competitiva son necesarias para este país, en donde el medio futbolístico se ha caracterizado en los últimos tiempos por la importación de profesionales mediocres que a su paso no dejaron nada, marchándose colmados de divisas, desangrando a los clubes. Debido a ello, hemos sido testigos de la notoria degradación del fútbol paraguayo, sin perfil ni jerarquía y cuya devaluación nos ausenta definitivamente del Mundial 2014 y con serio riesgo a reprisar en el 2018. En esta entrevista, resume su “trayectoria extranjera”, durante los 9 años de ausencia.

Detalla: “Después de dirigir aquí en todos los niveles, categorías y clubes, ya sea en las Inferiores (formativas), Interligas, Intermedia y Primera División, acepté el desafío de ir a dirigir en El Salvador. Comencé en el 2005 dirigiendo al club Once Lobos (2ª), en el 2008 al club Atlético Balboa (campeón 2ª), en el 2009 al FAS (campeón 1ª), en el 2010 de nuevo al club Atlético Balboa (1ª), en el 2011 al club Alianza (campeón 1ª), en el 2012 al club UES (1ª) y en el 2013 al Firpo (campeón 1ª). A esto debo agregar otro campeonato obtenido con el club Adfas en 2ª. Fueron 5 títulos en 9 años”.

–Supimos que dispone de un récord en el fútbol salvadoreño, 3 títulos en 3 clubes distintos de Primera División.

–Sííííí... no fue fácil, el fútbol salvadoreño es muy difícil por el ambiente politizado que reina. La parafernalia es pesada e incómoda, prensa, dirigencia e hinchada atosigan, las asechanzas son ácidas, poco digeribles. Lamentablemente no tienen un boceto definido en el fútbol profesional. Carecen de categorías formativas, motivo por el cual los jugadores llegan mal formados y sin competencia a Primera División, no tienen cultura táctica y visión moderna del fútbol. Al mismo tiempo son remisos al trabajo profesional de élite, descreen sobre sus posibilidades. Hoy, la dinámica y los enfoques se modifican de mes a mes, el que no acompaña los cambios y no se actualiza queda rezagado, entonces se tiene un fútbol primitivo, apolillado. El fútbol salvadoreño podía haber estado en otra latitud, para que ello ocurra debe ser reestructurado totalmente, con una visión de vanguardia. El recurso invertido es escaso, casi nulo, por eso hay mucha corrupción, a tal punto que los jugadores de la selección mayor fueron suspendidos de por vida, por prestarse al acomodo de resultados para las apuestas deportivas (ir a menos).

–Ellos quedaron fuera del Mundial como nosotros.

–El mismo epitafio para ambos. Es que somos parecidos en algunas cosas, pero muy diferentes en las cuestiones más sustanciales del fútbol. Tuve ganas de presentar proyectos para transformar ese fútbol, pero las rencillas internas y las críticas absurdas no me indujeron a llevar adelante esas ideas de cambio y evolución. Fui el técnico más exitoso de los últimos tiempos, pero el más criticado por mi forma celosa de concebir el fútbol moderno y de alta competencia. Sin el marco adecuado, es imposible lograr objetivos superiores en el fútbol. Abandonar el atraso o el estancamiento requiere de sapiencia, esfuerzo y medios económicos.

–¿Cómo encontró al fútbol paraguayo?

–Siempre lo seguí por internet. Está más igualado, pero para abajo. Ese denominador no es buena señal. Hay que sacudirse rápidamente para no caer en un pozo que ahogue. Sin embargo, se progresó en algunos aspectos, la calidad de las canchas mejoró, los dirigentes acompañan con mayor ilustración a sus técnicos, esto es fundamental, y la prensa está más instruida y respetuosa. Hay déficit en el trabajo de base (inferiores), se nota en la expresión futbolística de los jugadores, están limitados en su soltura y repertorio, se les brinda una escasa academia, más bien emergen por inspiración espontánea, eso se da porque este país es rico en materia prima y en espíritu deportivo. La hinchada preocupa, se ha deteriorado, no van al fútbol, van a los vicios, se han invertido los valores, lo cual requiere de urgentes medidas a nivel nacional para erradicar este flagelo. Estamos ante una sociedad enferma que empaña todo y retrotrae al ciudadano sensato a un aislamiento, alejándose del espectáculo.

–¿Podemos aseverar que hay carencia o mediocridad en los instructores nacionales?

–Para llegar a la eficiencia se deben quemar etapas y adquirir experiencias. Es muy diferente ser futbolista y luego instructor. El manejo de un grupo humano requiere de vocación, formación y erudición. Para ser un técnico profesional, obligatoriamente se deben realizar pasantías, pasar por todos los ciclos y estratos de la dirección. Se está poniendo de moda eso de retirarse como futbolista y dirigir al día siguiente. Esto es pernicioso para el fútbol y los atletas. Es como aquel estudiante de medicina que apenas se recibe y ya está realizando cirugías de alta complejidad inmediatamente. Ese paciente tiene un alto porcentaje de morir o quedar parapléjico. En el fútbol ocurre lo mismo, por eso está lleno de renqueras y los clubes plagados de pandemias. Uno se hace entrenador después de los 50 años y no antes de los 40.

–¿Hasta cuándo se queda en el país?

–Estaré unas semanas todavía, van muchos años alejado de la familia. Mis hijos crecieron con su padre ausente a tal punto que casi soy un extraño para ellos. Emigré para lograr el sustento y la formación de ellos porque aquí apuestan y valoran más al profesional extranjero, lo cual reduce nuestras posibilidades de suficiencia y trabajo. Íntimamente anhelo quedarme, Paraguay es mi país, pero hay que analizar los proyectos si los hay. Profesionalmente, estoy capacitado para dirigir Cerro Porteño, Olimpia, Guaraní, Libertad, Luqueño y la Selección Nacional, pero no me van a contratar por los prejuicios que priman en los dirigentes. Estoy mirando los partidos y veo planteles con enormes deficiencias, creo que el fútbol paraguayo está viviendo una transición peligrosa con tendencia a la baja, se debe apostar con mayor criterio y profesionalismo a las divisiones formativas para codearse en la vanguardia, definitivamente.