Siempre que hablamos de pesca, surge la pregunta de querer saber qué esta pasando últimamente con los peces en el río Paraguay. La verdad es que los peces en el río Paraguay, debido a su situación geográfica, tienen muy poca protección y requieren de una especial atención o cuidado para su reproducción. El creciente modernismo, acompañado de una inesperada demanda de carne de pescado en nuestros mercados, mas las famosas vedas atípicas que en poco o nada contribuyen, son las consecuencias fundamentales que hacen que tarde o temprano tengan que repercutir en el normal desarrollo de nuestros codiciados peces. Sin olvidar las colmataciones y las sedimentaciones que sufren nuestros afluentes.
El problema es serio y complicado, porque abarca una serie de acciones que atentan contra los principios básicos de nuestra resentida naturaleza. Pero si les cuento que la solución es sencilla y practicable, toda vez que exista voluntad política, ustedes seguirán pensando que soy un pobre soñador y que no pierde la esperanza de poder darle un corte definitivo a esta problemática. Solamente que el hecho de que yo proponga esta iniciativa quizás no tenga el mismo peso o valor de lo que un doctor puede explicar en términos científicos, pero al final viene a ser la misma cosa y usted como buen pescador me entenderá.
No quisiera incurrir en la eterna posición de plantear un problema sin darle la solución, así que les cuento, que si ahora empezamos a hacer lo que verdaderamente corresponde, muy pronto nos veremos fortalecidos y enriquecidos con una nueva y esperanzadora riqueza, que en estos tiempos está pasando por un delicado momento al entrar con todo su potencial en terapia intensiva.
El peor problema que están pasando nuestros peces es la parte organizativa, donde nuestro procedimiento es incorrecto y no conlleva a una futura solución. Para darle un corte definitivo a toda esta pesca indiscriminada, debemos controlar el mercado con sus centros de acopio, donde hoy día se comercializan cualquier tipo de pescado. Sabemos que los pescadores profesionales consumen muy poca carne de pescado y prefieren vender su mercadería y comprar carne vacuna para alimentarse.
Si alguna vez logramos controlar este mercado con un estricto control, ningún pescador profesional va a pescar algo que no pueda vender y les garantizo que estas depredaciones van a desaparecer por arte de magia.
No tiene sentido que nuestras autoridades se lancen a nuestros ríos para amedrentar o perseguir a nuestros humildes pescadores, siendo que los verdaderos culpables son los centros comerciales que negocian libremente con estas mercaderías.
Como verán, el problema de principio no es tan complicado como esperábamos y lastimosamente como de costumbre nos estamos ahogando en un vaso de agua, teniendo todo un mar en nuestras manos.
Si recopilamos historias veremos que con la tala de nuestros bosques, la masiva proliferación de cazadores profesionales que casi acabaron con todos nuestros animales silvestres, para la simple comercialización de sus pieles, y ahora la pesca en crisis, siempre su motivación fueron los centros de acopio que prácticamente sin aportar nada acabaron con nuestra naturaleza. No hablemos de la complicidad de nuestro gobierno que nunca movió un dedo para cuidar o resguardar nuestro medio ambiente.
Desde luego que el término ecología en nuestra época era prácticamente nuevo, pues nadie lo entendía y todas las grandes depredaciones estaban avaladas por nuestros gobernantes de turno que aprovecharon la brillante oportunidad para enriquecerse a cuenta de nuestro sacrificio. En aquel entonces, la ecología para nosotros era pan y vida... y muerte y desolación para nuestra flora y fauna. Obrajeros, cazadores o pescadores ricos o adinerados no existen, pues siempre la mejor parte del botín quedó para estos intermediarios de guantes blancos.
Hoy día hablar de estas depredaciones es un delito deplorable y nuestros ilustres historiadores prefieren pasar al siguiente capítulo para no ensuciarse las manos, pero la verdad tarde o temprano se sabrá y no quisiera encontrarme en ese lugar.
Resumen:
1) Principal culpable son nuestras autoridades o gobernantes que nunca encontraron el camino correcto, para cuidar la naturaleza.
2) Segundos culpables son los centros de acopio instalados que siempre están ahí, pero que nadie les ve ni los incomoda. Con esto no pretendo hacer desaparecer a los intermediarios, sino mantener un control dentro de la ley y la legalidad.
3) Tercero: son los pescadores que depredan y masacran, pues un verdadero pescador profesional siempre cuida el futuro de su trabajo.
Acá dicen: nadie patea por su olla.
4) Y por último todos nosotros que con nuestro silencio avalamos esta corrupción.
Veo que al final somos muchos los culpables...
(*) Poblador de Puerto Antequera.