Víctima de cuervos del fútbol

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No era una estrella del fútbol mundial, no figuraba en los titulares de cada fin de semana ni ganaba una fortuna. El paraguayo Diego Mendieta murió de tifus el lunes pasado, abandonado por su club y por sus representantes, justamente en la ciudad de Solo, Indonesia. Los restos del futbolista, de 32 años, fueron embarcados el miércoles desde Yakarta con destino a Asunción, y se espera que lleguen a Asunción este sábado.

Su exrepresentante Helen Amaya relató que el jugador –ex-River, Pettirossi y Sportivo Iteño– se había visto obligado a buscar albergues para vivir y alimentarse con ayuda que le enviaban familiares desde Paraguay.

Alberto Candia, empresario paraguayo que se dedica a la transferencia de futbolistas, dijo a la AFP que los responsables son los “cuervos” que operan en el negocio del fútbol. “Estos piratas se valen de intermediarios para convencer a futbolistas ingenuos, de poco relieve en el fútbol de sus países, a lanzarse a la aventura en un país lejano a cambio de un pasaje, estadía, un departamento y tres meses de salario”.

“Creyendo en los espejitos, en los Reyes Magos, en el sueño de cambiar radicalmente su nivel modesto de vida, ellos van ilusionados a probar suerte, engañados también por la escasa o nula orientación que reciben. Hay varios antecedentes de futbolistas paraguayos que fueron estafados en Asia”, agregó.

El jugador no podía volver a Paraguay “porque el club no le pagaba su sueldo atrasado. Pasó muy mal hasta el final”, expresó compungido su padre, Juan Carlos Mendieta, esta semana. El Persis, según informó el diario Yakarta Globe, debía unos 12.500 dólares al futbolista.

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Cuervos estafadores

Según Candia, los “cuervos” son estafadores, personas ubicadas en todos los estratos del negocio, desde el “ojeador” y el intermediario que convence al jugador a partir a un destino incierto.

Y “están más allá los empresarios que tienen el contacto en los clubes, los directivos y los representantes del club. Cuando se reparten las comisiones se acaba el negocio”, subrayó.

“El que menos recibe y el que menos les importa es el jugador, al que depositan como una basura, lejos de su país, completamente indefenso”, explicó.

Recordó el caso del exídolo del fútbol paraguayo de los años 60 y 70 Saturnino Arrúa tras ser transferido a España, cuando la FIFA todavía no imponía los actuales controles sobre las transferencias. “El empresario que lo llevó a España (el armenio francés Arthur Bogossian) le dijo que se equipara para ser probado en una práctica. Arrúa se negó y decidió volver a Paraguay. ‘Quiero ver mi contrato y saber cuánto me van a pagar’, dijo” .

“Le salvó su formación y su carácter. Al cabo de un tiempo vinieron los del Zaragoza a hacerle firmar el contrato”, puntualizó.

Si los demás jugadores paraguayos que sufrieron peripecias en Asia no pasaron momentos peores “es porque sus familiares les solventaron su retorno”, observó.