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Cooperativa Universitaria

Comparto mi indignación por la desidia del consejo de administración de la Cooperativa Universitaria, presidido por César Cruz Roa.

Tengo 41 años. Soy profesora superior de piano. El 28 de octubre de 2012, caminando por la vereda con mi madre la rama de un árbol enclavado en el predio de la Cooperativa Universitaria, en Colón y Dupuis, se desploma sobre mí. Las consecuencias fueron gravísimas, la lesión afectó la médula espinal. Quedé en silla de ruedas, sin sensibilidad en las extremidades inferiores ni para las necesidades fisiológicas, y con dolores neuropáticos terribles.

La situación que paso es de suma tristeza. La actual conducción de la Cooperativa Universitaria, en la persona de su presidente, ha tenido una actitud bochornosa e injusta, que afecta mis derechos fundamentales. Nadie en representación de la cooperativa se acercó a interiorizarse de mi estado.

A través de diversas personas me he acercado a ellos y lo único que hicieron fue beneficiarme con una póliza a través de la compañía de seguros Panal que, según ellos, cubría daños contra terceros. Con el monto de la póliza, cien millones de guaraníes, se desentienden de la situación, sin asumir que son causantes de un futuro incierto.

Fue el IPS el que cubrió la intervención y reiteradas internaciones. El monto indicado sirvió solo para el pago de algunos meses de enfermería, algunos medicamentos y enseres personales, y solo tres meses de internación en un centro de rehabilitación, cuando la prescripción médica era de un mínimo de seis meses. La compañía de seguros ya no se hará cargo, porque la póliza llegó a su límite de cobertura, a no ser que la Cooperativa Universitaria diga otra cosa.

Comenzamos las solicitudes y reuniones pidiendo una indemnización que me posibilite seguir los tratamientos en forma. Respondieron solo “Demandanos”. El acuerdo es lo más conveniente para todos. Un proceso judicial es largo y costoso, mientras mis necesidades son hoy y urgentes.

Cuando les fue indicado sobre la solidaridad como principio del cooperativismo, Cruz Roa respondió: “para nosotros eso no existe”. No les pedí que me devolvieran mi vida pasada.

El árbol estaba minado de termitas, responsabilidad directa de ellos. En un escrito me expresaron que no eran responsables. Hacen omisión de lo establecido en el Código Civil: “El dueño o guardián de una cosa inanimada responde del daño causado por ella o con ella”. El hecho de haberme beneficiado con aquella póliza es el modo en que han aceptado su responsabilidad.

Cuando un árbol cae sobre una persona y esta queda sin posibilidad de realizar su vida como la venía realizando, el dueño del árbol tiene la responsabilidad de atender la salud y reconocer la imposibilidad de trabajar al afectado. La razonabilidad obliga a procurarle el mejor modo posible de gestionar su vida. Eso no ha hecho este Consejo de Administración.

Les solicité encarecidamente que me acondicionaran la casa para movilizarme evitando gradas. No lo hicieron. Les solicité un vehículo para movilizarme a mis consultas y tratamientos de rehabilitación. No lo hicieron. Ni tan siquiera han accedido a proveerme una silla de baño.

Les indiqué que necesitaba volver a trabajar y me pidieron que acepte un contrato para enseñar piano a socios de la cooperativa con cláusulas imposibles de aceptar.

Mi problema no es con la institución, sino con el Consejo de Administración, que indiferente, subestima mis necesidades y transfiere su responsabilidad. No les importa que yo, mujer soltera, jefa de hogar, sea sostén de mi madre viuda. De ellos obtuve solamente dilación y evasivas respuestas negándose a cualquiera asistencia.

Los acuso de insensibles, soberbios y egoístas. Afectan mis elementales derechos, a la vida, la salud, el trabajo y posibilitarme una vida más o menos tranquila.

Ejercen violencia psicológica. ¿Es esta la actitud que debe tener un equipo conductor de una entidad que aglutina a profesionales universitarios? Solicito el apoyo de la ciudadanía para obtener un reconocimiento de responsabilidad por parte de la Cooperativa Universitaria.

Liz Alicia Amarilla Torres

Mal desempeño de Cartes

El día martes 18 de febrero del corriente, el presidente de la República exhortó a empresarios extranjeros a que abusen del Paraguay.

Según el Diccionario de la Real Academia Española, la palabra abusar significa usar mal, excesiva, injusta, impropia o indebidamente de algo o de alguien.

Ante semejante desatino, cabe señalar que el presidente de la República, como representante del Estado (CN, Art. 238), debe ser el primero en velar por los intereses nacionales.

Si el representante del Estado incita a extranjeros a que abusen del Paraguay, entonces incurre en mal desempeño de sus funciones, y por lo tanto es reo de juicio político (CN, Art. 225).

Miguel Arestivo