Los Lectores Opinan

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Como ciudadano paraguayo, me llena de tristeza ver y escuchar semejante barbaridad, dicha por una autoridad máxima de la Corte Suprema de Justicia. Esta confesión del ministro Sindulfo Blanco, quien dijo que “ha mentido a los Senadores para ser ministro de Corte, como premio a su honesta y proficua trayectoria...”, debe servir de ejemplo de la actitud torcida asumida ante sus mandantes (el pueblo), a quienes hace perder totalmente la credibilidad de sus actos. Una persona mentirosa no merece un mínimo de respeto por ser un farsante y badulaque. Un mentiroso jamás puede mantener una “honesta trayectoria”, porque al mentir, se trunca ese trayecto y de ser un “buen hombre” pasa a ser un simple embustero. Debemos ser muy cuidadosos con las autoridades farsantes, porque descalifica a la institución que representa y pierde consideración de sus subalternos y la ciudadanía en general. Sus fallos generan tremendas dudas y en la mayoría de los casos son nulos de nulidad absoluta e insanables. ¿Son creíbles las decisiones tomadas por un mentiroso? ¿Un farsante puede dictar un fallo fidedigno y justo? ¿Tenemos razón si pensamos que en el Poder Judicial hay una mafia organizada? ¿La ciudadanía es apática, indiferente y temerosa? ¿Los próximos ministros serán auténticos, veraces, fidedignos, sinceros y francos? Estimo que sí y aliento a la clase política a aunar sus esfuerzos para que tal pensamiento se concrete.

En conclusión, mantener en el cargo a estos ministros mentirosos/farsantes, es un atentado contra la ciudadanía, que clama una mejor justicia. Es un atentado contra la razón y el entendimiento.

Significado de mentiroso: Que acostumbra mentir, falsario, embustero, farsante, tramposo, engañoso, fraudulento, fulero, badulaque, trola, artificioso, etc. Antónimo de mentiroso: auténtico, veraz, fidedigno, sincero, franco.

Lo mínimo que este señor debe hacer es renunciar y detrás de él, los demás mentirosos... Barramos el Poder Judicial de estos antivalores. Dictadura judicial nunca más.

La capital soñada
Ismael Fleitas

Asunción es incapaz de absorber eficazmente el parque automotor que diariamente ingresa a ella desde las ciudades dormitorio: Roque Alonso, Limpio, Capiatá, Ypané, San Antonio, Luque, San Lorenzo, F. de la Mora, Villa Elisa Lambaré. Desde estas localidades se accede por cuatro vías principales, el acceso sur y su empalme con Fernando de la Mora; ruta uno y dos y su empalme con la avenida E. Ayala; la de Mcal. López; y de la ruta tres y la Transchaco que empalman con Artigas. Todas estas vías, además de otras secundarias, convergen en el centro de la ciudad. Esta saturación de vehículos de superficie como autos particulares, transporte de cargas, transporte público y motocicletas comprometen la movilidad deseada y la obtención de una mejor calidad de vida urbana. En este estado de situación es difícil alcanzar un tránsito fluido, el control efectivo sobre el cumplimiento de las normativas (carga/descarga de mercadería, zonas de exclusión, etc.) y un aceptable nivel de contaminación y seguridad a los ciudadanos.

El tema del momento es la implementación de un nuevo sistema de trasporte. ¿Valdría la pena gastar millones sin un estudio amplio y acabado en la incompleta planificación urbanística de nuestra capital?

Es el momento de que se piense en algo grande como la construcción de una nueva ciudad “Santa María de la Asunción, Madre de ciudades”, en lugar accesible, con una planificación global y moderna, como para festejar en ella el Tricentenario (la capital soñada, valga lo de utopía). Resumidamente, la historia de la capital de Brasil: Cuando en 1956 Juscelino Kubitschek ascendió al poder, anunció que por fin se construiría la soñada capital, prometida en su campaña presidencial. Las dos cámaras legislativas aprobaron, casi sin objeciones, la ley que la hizo factible y se resolvió edificar la metrópoli en la planicie inhóspita donde ahora se levanta Brasilia. Su construcción duró cuatro años, con un costo relativamente elevado que se debió en parte a que no había ferrocarril ni carreteras bien trazadas para llevar las maquinarias y materiales necesarios y su movilización se hizo en aviones. El plan exigió la contratación de más de 100.000 obreros. Este enorme gasto de energía y dinero tuvo la influencia benéfica que predijeron sus proponentes. Prosperaron ciudades como Goiâna, Uberlândia y otras.

Un expresidente de nuestro país repetía: “el Paraguay tiene dos grandes riquezas, sus hombres y su tierra”. Es necesario, que nos despojemos de la baja autoestima y planifiquemos y desarrollemos obras de gran envergadura, en tiempo y espacio.