Las relaciones internacionales son un constante juego de equilibrio, y América Latina está tomando conciencia de esa realidad, ya que todo el mundo tiene opciones, sea un país grande o sea un país chico, para insertarse internacionalmente. “Nadie querrá quedarse atado a alguien hasta que se vaya decantando”, destacó durante su intervención ayer en el teatro del Banco Central del Paraguay, justamente donde hace más de 20 años se firmó el Tratado de Asunción que dio comienzo al Mercado Común del Sur (Mercosur).
Debemos capitalizar los activos de una integración. No se puede decir que en el Mercosur no ha pasado nada. Solo basta mirar la cantidad de mercaderías que pasan por las fronteras de los países miembros sin pagar impuestos.
El Mercosur está en estos momentos en una transición en la que lograr que los países trabajen en un mismo “barrio” significa hacer un traje a la medida, destacó.
A la hora de diseñar un nuevo Mercosur, a quien diga “me voy” seguramente se le deberá preguntar “a dónde va”. Por tanto, si un país no sabe lo que quiere, puede pasarla mal en un proceso integracionista, en el cual, lejos de una distinción entre países grandes y chicos, la diferencia está entre los que saben lo que quieren y los que no tienen rumbo, dijo.