Que nuevos negociadores de Itaipú no hagan de chivos expiatorios

De no haber sido por la denuncia pública realizada por el expresidente de la ANDE, Ing. Pedro Ferreira, el fétido tufo de la olla podrida del Acta Bilateral no hubiese llegado a las narices del Pueblo paraguayo, al menos hasta convertirse en hecho consumado de efecto irreversible. Esta rara –para nuestra sociedad– demostración de ética, de responsabilidad y de patriotismo mencionada deberá servir de ejemplo para las personas de excelente calificación que hasta ahora fueron designadas para reemplazar en las altas funciones del Estado a los venales vendepatrias que han sido radiados de sus cargos. Estos nuevos y calificados miembros que ingresan con el beneplácito de la población para defender los intereses paraguayos en Itaipú, no deben ser obsecuentes sino actuar con firmeza en sus importantes cargos. Una de las mejores armas con que contarán es la publicidad de sus actos, dándolos a conocer a los ciudadanos y a las ciudadanas, para evitar que los ladrones y vendepatrias los conviertan en chivos expiatorios y se laven las manos sobre ellos si llegaran a involucrarse de nuevo en alguna jugarreta.

Un misterio político central que los historiadores de la Segunda Guerra Mundial no han podido desentrañar es por qué una generación de comandantes militares altamente capaces de uno de los mejores ejércitos del mundo, como era el alemán, se convirtió en servil instrumento del dictador Adolfo Hitler, y por qué aún los mejores de ellos fracasaron en disuadirlo de sus desastrosas decisiones.

Salvando distancia, circunstancia y proporciones, este retazo de la historia nos sirve de referencia para analizar lo sucedido con la firma del Acta Bilateral de entendimiento de Gobierno a Gobierno entre Paraguay y Brasil, relativa a la contratación de potencia en Itaipú por parte de ANDE y Eletrobras, y mantenida en secreto de la opinión pública nacional por expresa directiva del presidente de la República, Mario Abdo Benítez.

De no haber sido por la denuncia pública realizada por el expresidente de la ANDE, ingeniero Pedro Ferreira, el fétido tufo de esta olla podrida no hubiese llegado a las narices del Pueblo paraguayo, al menos hasta convertirse en hecho consumado de efecto irreversible. Con el símil de la pléyade de generales alemanes obsecuentes a los siniestros designios del dictador nazi, llama la atención que ninguno de los altos funcionarios del Gobierno nacional haya tenido el coraje moral y el patriotismo para denunciar una flagrante traición a los intereses de la nación, con la excepción ya mencionada, con la solidaridad de su gerente técnico, ingeniero Fabián Cáceres.

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¿Qué misterio político encierra la comprometedora actuación del presidente Mario Abdo Benítez, del vicepresidente Hugo Velázquez, del excanciller Luis Alberto Castiglioni, del exembajador en Brasil Hugo Saguier Caballero, seguido del exdirector general de Itaipú, José Alberto Alderete, los exdirectores técnico y financiero, José María Sánchez Tillería y Mónica Pérez, respectivamente, así como todos los consejeros que como máximas autoridades no podían alegar desconocimiento, aunque algunos lo intentaron?

La respuesta obvia a tal interrogante es que habría que preguntarles a ellos mismos. Pero eso ya no tendría sentido ni interés ex post facto. Lo que la gente quiere saber es por qué no lo hicieron antes. ¿Por qué sólo el ingeniero Ferreira tuvo la ética de responsabilidad y el coraje moral para anteponer su patriotismo al zoquete del cargo y denunciar una cobarde abdicación de soberanía en la entidad binacional, con potencial perjuicio para la nación en el corto y largo plazo?

En los tiempos de la dictadura stronista era lugar común que cuando por alguna razón cierta personalidad extranjera le reclamaba a algún ministro la corrupción prevaleciente en el ámbito de la administración pública paraguaya, la respuesta patentada de este era: “corrupción hay en todos los países, y seguro que en el suyo también”. Y la réplica del interlocutor generalmente no se hacía esperar y era lapidaria: “Sí, es cierto. Pero hay una diferencia; hay corrupción, pero también hay delincuentes, y en su país hay corrupción, pero no hay delincuentes”.

Esto viene a cuento de lo que actualmente está sucediendo con el escándalo de la fallida Acta Bilateral. Empezando por el presidente Abdo Benítez, quien se vio obligado a reconocer que la decisión de llevar al ámbito diplomático el impasse técnico surgido en la usina binacional fue suya, aunque lavándose las manos en cuanto a los términos en que la misma fue finalmente convenida. Coartada difícil de creer en razón de que el Presidente de la República es el responsable constitucional de las relaciones exteriores del país, a menos que tenga que cargar con el fardo de la irresponsabilidad en el ejercicio de sus funciones.

Por su parte, los funcionarios de su Gobierno involucrados en esta traición en perjuicio de los intereses del país, como los generales de Hitler en su tiempo, asintieron servilmente concretar la vil entrega de soberanía en la binacional, sin parar mientes en el perjuicio que con ese paso estaban ocasionando al país y a sus habitantes. Pero así como hubo generales alemanes patriotas que pagaron con sus vidas el negarse a obedecer las desastrosas órdenes del dictador nazi, así también quedará en la historia política del Paraguay la valentía moral y el patriotismo de los ingenieros Pedro Ferreira y Fabián Cáceres –y un equipo de técnicos que los respaldó– al denunciar una típica traición de lesa patria que los demás involucrados callaron cobardemente.

Esta rara –para nuestra sociedad– demostración de ética, de responsabilidad y de patriotismo protagonizada por estos dignos conciudadanos debería servir de ejemplo para las personas de excelente calificación que hasta ahora fueron designadas para reemplazar en las altas funciones del Estado a los venales vendepatrias que han sido radiados de sus cargos por el Presidente de la República, con oportuno y acertado tino, que ojalá continúe hasta que la ciudadanía ya no huela tufo de olla podrida. Estos nuevos y calificados miembros que ahora ingresan con el beneplácito de la población para defender los intereses paraguayos en Itaipú no deben ser obsecuentes sino actuar con firmeza en sus importantes cargos. Una de las mejores armas con que contarán es la publicidad de sus actos, dándolos a conocer a los ciudadanos y a las ciudadanas, para evitar que los ladrones y vendepatrias los conviertan en chivos expiatorios y se laven las manos sobre ellos para salvarse si llegaran a involucrarse de nuevo en alguna jugarreta como la reciente del Acta Bilateral. Como se está viendo actualmente, la ciudadanía está diciendo que ya no tolerará nuevas entregas de la soberanía ni los intereses nacionales.

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