El nombre del Paraguay rueda de nuevo por el fango

La orden de prisión preventiva librada por el juez federal brasileño Marcelo Bretas contra el exjefe de Estado Horacio Cartes, por su presunta colaboración en la fuga del “doleiro (cambista) de doleiros” Darío Messer, en el marco de la famosa investigación “Lava Jato”, implica un tremendo daño a la imagen del Paraguay, tanto por afectar a un expresidente de la República como por poner en entredicho a las autoridades y a la administración de Justicia paraguayas. El mandato se funda, entre otras cosas, en que en junio de 2018, el entonces prófugo Messer envió una carta a su “hermano del alma” pidiéndole 500.000 dólares para cubrir “gastos iniciales jurídicos”, suma que habría recibido, en forma gradual, a través de Roque Fabiano Silveira (“Zero Um”).

Según informes de inteligencia del Ministerio del Interior de nuestro país, el susodicho es un “empresario de frontera”, supuestamente ligado al contrabando de cigarrillos, que lo habría alojado en una de sus estancias de la zona de Salto del Guairá, ciudad que el entonces prófugo visitó el 12 de noviembre de 2018 para otorgar, en una escribanía de esa ciudad, un poder especial a la abogada Leticia Bóbeda, hija del exsenador oviedista Juan Manuel Bóbeda. Que algún contacto habría tenido la citada profesional en las altas esferas se desprende de que mensajes cruzados con su cliente hablan de un supuesto pedido de soborno de dos millones de dólares para el entonces ministro del Interior, Juan Ernesto Villamayor (hoy jefe del Gabinete Civil de la Presidencia de la República), y de que, según un relatorio policial citado por el juez brasileño, la abogada “ocultó” desde diciembre de 2018 “150.000 dólares de Messer para posibles acuerdos con las autoridades paraguayas”. Villamayor negó haber recibido soborno alguno, pero admitió haber hablado con la abogada, en su despacho y en presencia de su jefe de Inteligencia, sobre “la entrega de Messer”. Él se habría negado a entregarle los bienes del prófugo administrados por la Senabico y, llamativamente, dijo no haber informado de tan importante reunión al presidente Mario Abdo Benítez. Es de suponer que, entretanto, los uniformados estaban buscando “afanosamente” al fugitivo sui géneris, que se permitió visitar tranquilamente una escribanía.

En su momento, ningún agente del Ministerio Público paraguayo creyó oportuno investigar a la profesional del Derecho por el referido caso de pública notoriedad, habiéndose limitado el fiscal René Fernández a informar que llamaría a declarar al escribano Miguel Bareiro, quien redactó la escritura. Todo terminó allí. A diferencia de la Justicia brasileña, nadie tuvo aquí idea de que “Zero Um”, Lucas Mereles, el conocido empresario pedrojuanino Felipe Cogorno, Édgar Aranda y José Alberto Ojeda, aparte de tres miembros de la familia Da Motta residente en nuestro país, habrían cooperado con Messer. En cuanto a Horacio Cartes, nadie osó indagar, incluso luego del 15 de agosto de 2018, cuando dejó la Presidencia, si sus estrechos lazos con el súper “doleiro” naturalizado paraguayo habían subsistido después del 4 de mayo de 2018, cuando se emitió la orden de captura internacional en su contra. El 23 de octubre de 2018 quedó integrada una “Comisión Bicameral de Investigación sobre Lavado de Dinero y Delitos Conexos atribuidos al Señor Darío Messer y sus Asociados”. En su informe final del 2 de abril de este año, refirió haber detectado numerosos hechos punibles, como el de lavado de dinero, y sugirió que la Justicia investigue a varias personas que habían ejercido una función pública, entre ellas Horacio Cartes, quien se había negado a declarar ante la comisión. La cuestión sigue congelada en el Ministerio Público.

Finalmente, Darío Messer fue capturado en São Paulo el 31 de julio último, mediante un seguimiento hecho a su novia, gracias a datos brindados por la Policía Nacional paraguaya, al cabo de un operativo iniciado en nuestro país unos noventa días antes. O sea que, tras casi un año de haber cerrado los ojos, nuestras autoridades decidieron que el “hermano del alma” debía ser puesto en manos de la Justicia de su país natal. Hasta entonces, nadie había hecho nada para dar con su paradero dentro del Paraguay, que tiene 406.752 km² y unos 7,2 millones de habitantes. Valgan estos datos porque, a fines de marzo, el ministro Villamayor había dado como excusa de la notoria inoperancia policial que nuestro territorio es “grande”, si bien agregó que no podía excluir que hubiera policías que lo estuvieran protegiendo y que el “equipo de inteligencia muchas veces no puede moverse con la Policía”. De la orden judicial brasileña surge que el entonces presidente Horacio Cartes satisfizo el pedido de un prófugo, en cuyo destino siguió interesado más tarde: “En marzo de 2019, en conversación con la abogada Leticia, Darío le señaló que Julio, su hermano que vive en NY, consiguió hablar con su ‘hermano de alma’ (en español, en el original), y que las cosas iban a quedar más calmas”. También se sabe ahora que este le llamaba “patrón”, motivo por el cual la operación que condujo a las órdenes de prisión preventiva se llamó “Operación Patrón”. Es decir, el que mandaba entre ellos era el exgobernante, que se habría mostrado muy solícito con el fiel “empleado”.

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En realidad, el escándalo generado no debería sorprender a nadie, pues era vox populi que nadie quería echarle el guante a Messer. No se lo quiso atrapar durante largos meses, incluso bajo el actual Gobierno, debido a la podredumbre del aparato estatal. Es de esperar, en fin, que esta experiencia, que comenzó cuando fue electo como presidente un candidato de negros antecedentes, sirva de ejemplo a los paraguayos para aprender a elegir mejor a sus autoridades en los próximos comicios.

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