Costosa ineficiencia del MOPC.

El aparato estatal no solo es corrupto, sino también ineficiente. Lo único que hace bien, y todos los días, es malversar. La ciudadanía es castigada con igual saña por la indecencia y la inutilidad para el bien común. La administración pública solo es eficaz para abonar los salarios, el aguinaldo y hasta las “gratificaciones” de su copioso personal, pero no así para realizar los gastos de inversión, en beneficio de la generalidad. En este punto, el grado de ejecución es paupérrimo, como lo evidencia el caso del Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones (MOPC), cuyo presupuesto vigente es de 4,9 billones de guaraníes (US$ 795 millones). El ministro Arnoldo Wiens les echó la culpa a las lluvias, y su segundo de Administración y Finanzas, Carlino Velázquez, agregó la excusa de una recaudación inferior a la prevista a inicios de año. Sea que el clima haya mejorado o no, lo cierto es que los números, que reflejan la ineptitud del MOPC, no fueron revertidos. El ministerio en cuestión es solo una muestra más de la pésima calidad administrativa del sector público. Pág. 12

Conviene recordar, una y otra vez, que el aparato estatal no solo es corrupto, sino también ineficiente. En realidad, lo único que hace muy bien y todos los días es malversar, porque para eso no se requieren los méritos ni las aptitudes que se deberían tener para ocupar un Ministerio, dirigir una entidad autárquica o simplemente convertirse en burócrata, previo concurso público de oposición. El carnet partidario, la amistad o el parentesco suelen bastar para poner el dinero público en manos de quienes, por regla general, no se destacarán por ser honestos, idóneos y laboriosos. La ciudadanía es castigada con igual saña por la indecencia y la inutilidad para el bien común, graves defectos que suelen reunirse en un mismo “servidor público”. No basta con resistir la tentación de robar, sino que también es preciso realizar las tareas con economía y eficiencia, dentro de un plazo razonable, cuanto el Presupuesto dispone. El serio problema aquí es que la administración pública solo es eficaz para abonar los salarios, el aguinaldo y hasta las “gratificaciones” de su copioso personal, pero no así para realizar los gastos de inversión, en beneficio de la generalidad. En este punto, el grado de ejecución es paupérrimo, como lo evidencia el caso del Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones (MOPC), cuyo Presupuesto vigente asciende a 4,9 billones de guaraníes (US$ 795 millones). Entre enero y octubre, desembolsó 3,2 billones de guaraníes (US$ 516 millones) en obras de infraestructura, lo que supuso una ejecución del 64%, faltando solo dos meses para que acabe el año fiscal. Para peor, el dato consignado no significa que las obras hayan sido realmente construidas, pues unos 496.000 millones de guaraníes (US$ 80 millones) fueron adelantos por trabajos aún pendientes, aunque contabilizados como si ya hubieran sido realizados.

Está claro que el porcentaje antes referido no aumentará mucho más, aunque en los dos meses restantes no caiga una gota de agua y el fisco reciba más dinero de los contribuyentes. Resulta que el ministro Arnoldo Wiens les echó la culpa a las lluvias, y que su segundo de Administración y Finanzas, Carlino Velázquez, agregó la excusa de una recaudación inferior a la prevista a inicios de año. En mayo, el ministro estaba seguro de que “una vez que tengamos mejor clima en el segundo semestre, vamos a revertir esos números”, aludiendo al dato de que hasta abril solo se había ejecutado el 18,4%, incluidos los pagos por anticipo. Sea que el clima haya mejorado o no, lo cierto es que los números, que reflejan la ineptitud del MOPC, no fueron revertidos.

Por cierto, ¿acaso las lluvias también tuvieron que ver con que hasta abril, los ministerios de Industria y Comercio y de Trabajo, Empleo y Seguridad Social hayan ejecutado solo el 18% de sus respectivos Presupuestos, o sea, incluso menos que el MOPC, que había llegado al 19%?

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El drama de la ineficiencia afecta no solo a estos ministerios, sino a toda la administración pública, y no depende del estado del tiempo. Tampoco es causado, sobre todo, por la falta de ingresos, como bien lo sabe el Ministerio de Hacienda que, mediante su plan financiero, castiga a los organismos que no emplean sus fondos previstos, restándoles los presupuestados cuando recauda menos de lo esperado. El Gobierno quería invertir en obras públicas también para estimular la economía, pero no podría hacerlo porque, según dijo en octubre el viceministro Velázquez, la recaudación ha disminuido, quizá debido a la retracción económica.

Es curioso que el ministro de Hacienda, Benigno López, al referirse en mayo a la bochornosa gestión del MOPC, solo la había atribuido a las lluvias. Es más, dijo que el Presidente de la República no criticó a las entidades competentes por la baja recaudación invocada, porque ella habría sido muy buena comparada con la de los años anteriores, incluso con una coyuntura diferente en contra. El mismo día, Mario Abdo Benítez señaló que la ejecución de las obras públicas estaba en los “niveles normales esperados”, es decir, no habló del clima ni de los ingresos fiscales. Como se vio, el ministro Wiens y el viceministro Velázquez fueron de otra opinión, por lo que es dable pensar que apelaron a meras excusas para justificar la tremenda ineficiencia del aparato estatal plagado de funcionarios.

Otro pretexto para justificar las demoras, que siempre conllevan un aumento de los costos, es la necesidad de reajustar los proyectos. Por ejemplo, el contrato que el MOPC firmó en marzo de 2017 con el Consorcio ASI fue modificado con la consecuencia de que la construcción de una planta de tratamiento de efluentes en Varadero (Asunción) costará 25.500 millones de guaraníes más, habiéndose ejecutado la obra en un 26%, hasta hoy. A la fecha, el que firmó en diciembre del mismo año con la compañía Acciona Agua para construir otra planta en el Bañado Norte (Asunción) solo ha sido ejecutado en un 1%, acaso también porque el MOPC emitió la orden de inicio de las obras recién en abril último, aunque en noviembre de 2018 ya había adelantado a la empresa 21.000 millones de guaraníes. Es obvio que ni las lluvias ni la baja recaudación tributaria han incidido en estas costosas demoras.

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En suma, el Ministerio en cuestión es solo una muestra más de la pésima calidad administrativa del sector público. Los atrasos generan pérdidas a los contribuyentes, por lo que sus responsables deben ser removidos de sus cargos.

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