Estudiantes no deben pagar los platos rotos de la incompetencia de autoridades

A estas alturas del bochornoso caso Petta, la ciudadanía bien puede preguntarse qué espera el presidente de la República, Mario Abdo Benítez, para destituir a un inepto que ha llegado al extremo de atribuir a la Unión Europea la corresponsabilidad por los múltiples daños infligidos al castellano en los cuadernillos y guías docentes, financiados por esa entidad internacional. Por razones obvias, las principales víctimas de su necedad –los alumnos de las escuelas primarias– no han podido expresar su indignación ante tamaño escándalo, como sí lo ha hecho la entidad estudiantil Fenaes, una de cuyos dirigentes, Camila Giménez, dijo que “los que pagamos los platos rotos de su incompetencia somos los estudiantes”. Si un ministro se revela como un inútil de marca mayor, el responsable final será quien lo nombró, más aún cuando se empeña en mantenerlo en el puesto. Eduardo Petta no debe seguir empeorando el sistema educativo.

A estas alturas del bochornoso caso Petta, la ciudadanía bien puede preguntarse qué espera el presidente de la República, Mario Abdo Benítez, para destituir a un inepto que ha llegado al extremo de atribuir a la Unión Europea (UE) la corresponsabilidad por los múltiples daños infligidos al castellano en los cuadernillos y guías para docentes, financiados por esa entidad internacional. Ella emitió un comunicado en el que lamentó que el dinero de los contribuyentes europeos sea empleado “para la impresión de libros pedagógicos que no cumplen con los estándares de calidad necesarios”. Más aún, instó a las autoridades competentes a “reforzar los controles de calidad de los materiales educativos” y advirtió que, si no se logran los resultados esperados, la “UE no podrá realizar desembolsos en programas futuros”.

¿No le avergüenza a Mario Abdo Benítez, encargado de las relaciones exteriores, que uno de sus ministros haya sido censurado por la embajada de una comunidad política tan importante? Quien lo expuso a él y, por extensión, al Paraguay todo a semejante amonestación, reaccionó así vía tuit, desde su cuenta personal: “Qué pasaría si la propia Unión Europea contrató a una funcionaria de nombre Noemí Cárter (boliviana), la misma participó de las ‘correcciones’ al material MaPara (matemáticas Paraguay) cuya impresión financió la UE...? Sin embargo tienen errores”. Conste que la copia es literal y que el mensaje fue borrado por el emisor, el enemigo mortal de uno de nuestros idiomas oficiales, que aún tiene a su cargo –precisamente– la cartera de Educación y Ciencias.

Por razones obvias, las principales víctimas de su necedad –los alumnos de las escuelas primarias– no han podido expresar su indignación ante tamaño escándalo, como sí lo ha hecho la Federación Nacional de Estudiantes Secundarios (Fenaes), que calificó de “advenedizo” al exagente fiscal, exdirector de la Patrulla Caminera y exsenador, y puso al jefe del Poder Ejecutivo ante la alternativa de seguir agravando la crisis educativa o corregir el error de haber nombrado como ministro a quien hoy está denunciado por la Contraloría General de la República por el delito de declaración jurada falsa. Con razón dijo Camila Giménez, dirigente de Fenaes: “Los que pagamos los platos rotos de su incompetencia somos los estudiantes”.

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Tan grave fue lo acontecido, que hasta la Defensoría del Pueblo, de cuya existencia apenas se sabe, creyó oportuno efectuar una “censura pública” contra Eduardo Petta, pues la emisión de libros de matemáticas con sistemáticos errores violaría el derecho humano a la educación, al tiempo de solicitar que los materiales sean reimpresos “sin un solo error”. Lo mismo exige la Organización de Trabajadores de la Educación - Sindicato Nacional (Otep-SN), con el agregado de que la reimpresión sea costeada por el torpe ministro, quien, por lo demás, tendría que “dar un paso al costado”. Los docentes agremiados también señalaron varias “precariedades” existentes en vísperas del inicio del año escolar, como las relativas a la infraestructura, el mobiliario y la capacitación docente.

Las clases deben empezar el 21 de febrero, pero el Ministerio aún no sabe cómo solucionar el serio problema, resultado de la ignorancia y la negligencia supinas: duda entre reimprimir las páginas o hacer un “troquelado” e insertar las correcciones. Por suerte, parece haber desechado la idea de su jefe de encomendar a los alumnos la tarea de “hallar los errores”. Pero esos textos chapuceros no deben ser distribuidos antes de que sean depurados, minuciosamente, con un diccionario en la mano, mal que le pese a un grupo de docentes de Cordillera, que desea emplearlos porque los errores no harían a la “esencia” de la materia a la que están destinados. Esta actitud dice mucho, por cierto, sobre el respeto que no pocos educadores sienten por sus alumnos y por sí mismos, así como sobre la importancia que otorgan a la calidad de la enseñanza. En vez de ser los primeros en saltar de indignación, avalan una feroz barrabasada.

También este lamentable episodio sirve para volver a subrayar que el drama educativo no será superado mediante el simple recurso de elevar el Presupuesto del Ministerio en cuestión. En el caso referido, se malgastaron nada menos que 2.153 millones de guaraníes, a costa de los contribuyentes europeos. ¿Cuánto se estará derrochando, cada año, en perjuicio de los paraguayos? Si para algo sirve la espantosa gestión de Eduardo Petta es para ilustrar los desastres derivados del hecho de ocupar un cargo sin tener la menor idea de lo que se debe hacer desde allí. Como muchísimos funcionarios y docentes, de antes y de ahora, él no fue instalado por sus méritos y aptitudes, sino como resultado de un vulgar padrinazgo político. Es cierto que la Constitución no exige que los ministros sean idóneos, pero el Presidente de la República tiene el deber moral de que su Gabinete esté integrado por personas capaces, eficientes y honestas. Y cuando es evidente que alguna designación fue incorrecta, lo que tiene que hacer es corregir el desatino. Los cuadernillos y las guías docentes están plagados de serios errores, pero el mayor ha sido el inicial, es decir, el nombramiento del ministro responsable.

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Si un ministro se revela como un inútil de marca mayor, el responsable final será quien lo nombró, más aún cuando se empeña en mantenerlo en el puesto. Eduardo Petta no debe seguir empeorando el sistema educativo, y si no tiene la decencia de renunciar, el Jefe de Estado debe removerlo para no ir agravando la situación en el sector. La educación ya no puede seguir soportando esta clase de golpes bajos.

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