Nuestra “fe en la patria” sigue incólume.

Hace 53 años, ABC Color llegaba por primera vez a las manos de la gente. Desde entonces, buscar la verdad y desmontar las mentiras han sido su norte, y lo sigue siendo hasta hoy. Ello presupone el ejercicio pleno de la libertad de prensa y exige defenderla en causa propia y ajena, sin admitir sobornos ni amenazas. La democracia instaurada en 1989 permitió la reapertura de este diario tras estar clausurado durante cinco años por una inicua decisión de la dictadura. Desde entonces, sigue bregando por la libertad de prensa, siempre amenazada por la arbitrariedad disfrazada con alguna astucia legal. El camino recorrido no estuvo sembrado de flores. Pero es de subrayar que, pese a todas las comprensibles decepciones, seguimos teniendo “fe en la patria”. Recordamos en este día el rico legado del fundador de ABC, quien sabía que la lucha no estaba exenta de riesgos. “Digan siempre la verdad. Peleen y, si van a caer, que sea con las botas puestas”, fue una de sus frases, que siguen inspirando nuestra devoción al país y la tarea diaria de servir a los lectores.

Hace 53 años, ABC Color llegaba por primera vez a las manos de la gente. Desde entonces, buscar la verdad y desmontar las mentiras han sido su norte, y lo sigue siendo hasta hoy. Ello presupone el ejercicio pleno de la libertad de prensa y exige defenderla en causa propia y ajena, sin admitir sobornos ni amenazas. Esta excelsa libertad, que se corresponde con el derecho de las personas a recibir una información veraz y completa sobre asuntos de interés público es propia de una forma de Gobierno en la que las noticias y las opiniones son difundidas sin censura alguna. La democracia instaurada en 1989 permitió la reapertura de este diario tras estar clausurado cinco años por una inicua resolución firmada por el tenebroso Sabino Augusto Montanaro, ministro del Interior del dictador Alfredo Stroessner, poco después de que el fundador y director de ABC, Aldo Zuccolillo, haya conocido la cárcel debido a la publicación de unos dichos del dirigente colorado opositor Miguel Ángel González Casabianca. Desde entonces, sigue bregando por la libertad de prensa, siempre amenazada por la arbitrariedad disfrazada con alguna astucia legal, como la del juez Amílcar Marecos y la del Tribunal de Apelación en lo Penal de Ciudad del Este, integrado por Miryan Meza de López, Aniceto Amarilla e Isidro González, que en junio último prohibieron a los medios de prensa referirse a una denuncia de acoso sexual, que ya era de conocimiento público.

La mordaza también puede ser impuesta brutal y definitivamente por gángsters que se ven acosados por la prensa libre, como se desprende de los casos del periodista radial Santiago Leguizamón y del corresponsal de este diario Pablo Medina, asesinados por el crimen organizado en 1994 y 2014, respectivamente. Pero nuestro diario seguirá luchando contra el narcotráfico instalado en el país, con lazos en los tres poderes del Estado, en la certidumbre de que se trata de una lacra a la que hay que derrotar. También continuará combatiendo la corrupción en todos los niveles político-administrativos, en defensa del bien común y contra los delincuentes presupuestados, que atentan contra el presente y el futuro de sus compatriotas. No resulta nada fácil ni agradable sacar a la luz tantas tropelías, pero hay que hacerlo sin desmayos, para que no se crea que esta sociedad acepta ser esquilmada sin al menos levantar la voz. Felizmente, no se trata de una faena del todo estéril, según surge de algunas consecuencias positivas de los escándalos develados en los últimos tiempos con respecto al Consejo de la Magistratura, al Congreso, al Instituto de Previsión Social, a la Dirección Nacional de Aeronáutica Civil, a Petróleos Paraguayos o al Ministerio de Salud Pública y Bienestar Social.

En casos como estos, no basta con que los responsables sean destituidos o se les pida amablemente la renuncia, sino que también es preciso que den cuenta de sus actos ante una Justicia independiente, previa intervención rigurosa del Ministerio Público. He aquí otro campo al que este diario presta suma atención, pues los delitos no deben quedar impunes y el principio de igualdad ante la ley tiene que regir para todos, incluyendo a los ministros del Poder Ejecutivo y a los legisladores. Para dignificar el Congreso, es necesario denunciar a los bribones con fueros, muchas veces ante el silencio de sus colegas que se creen honestos. Aquí hay aún mucho que hacer, para lo cual hace falta la participación activa de las víctimas, hombres y mujeres de nuestra sociedad, que deben levantarse contra los latrocinios.

Este repaso de algunas cuestiones que han estado y están en la mira permanente de ABC no puede concluir sin mentar la defensa del interés paraguayo en las dos entidades binacionales. En este campo, se puede pensar que el periodismo ha contribuido a que una nefasta Acta Bilateral sea abortada, y alentar la esperanza de que la renegociación del Tratado de Itaipú estará a cargo de compatriotas idóneos y honestos.

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Sin duda, el camino no estuvo sembrado de flores. Pero es de subrayar que, pese a todas las comprensibles decepciones, seguimos teniendo “fe en la patria”, es decir, en la capacidad de sus hijos de construir un Paraguay en paz y en libertad, en el que la pobreza sea al menos reducida, si no erradicada. Así lo exige el rico legado del fundador de ABC, quien sabía que la lucha no estaba exenta de riesgos. “Digan siempre la verdad. Peleen y, si van a caer, que sea con las botas puestas”, fue una de sus frases, que siguen inspirando nuestra devoción al país y la tarea diaria de servir a los lectores.

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