Las fronteras vuelven a vivir

Seis meses y 27 días después, Ciudad del Este, Pedro Juan Caballero y Salto del Guairá vuelven a respirar desde ayer, con la apertura de las fronteras entre Paraguay y Brasil. Una medida que trae un enorme alivio a ciudades que viven del comercio y de los clientes que llegan principalmente desde el otro lado. Esas localidades son, a su vez, pulmones económicos del país, unos pulmones a los que la pandemia de covid-19 puso en terapia intensiva. Cada día de esos casi siete meses en que las fronteras estuvieron cerradas a cal y canto fue vivido con desesperación por la enorme maquinaria que da vida a comercios, industrias y servicios que existen gracias al movimiento que se produce en esas zonas. Hoy todas las personas involucradas, empleadores y empleados y sus familias y redes, vuelven a mirar el horizonte con esperanza y listos para trabajar con el anhelo de levantar cabeza lo antes posible. No podemos olvidar que la apertura de las fronteras físicas del país aún no es total. Falta reactivar el flujo con uno de nuestros principales vecinos: Argentina. Esperamos tener también pronto noticias positivas al respecto.

Seis meses y 27 días después, Ciudad del Este, Pedro Juan Caballero y Salto del Guairá vuelven a respirar desde ayer, con la apertura de las fronteras entre Paraguay y Brasil. Una medida que trae un enorme alivio a ciudades que viven del comercio y de los clientes que llegan principalmente desde el otro lado. Esas localidades son, a su vez, pulmones económicos del país, unos pulmones a los que la pandemia de covid-19 puso en terapia intensiva.

Cada día de esos casi siete meses en que las fronteras estuvieron cerradas a cal y canto fue vivido con desesperación por la enorme maquinaria que da vida a comercios, industrias y servicios que existen gracias al movimiento que se produce en esas zonas. Hoy todas las personas involucradas, empleadores y empleados y sus familias y redes, vuelven a mirar el horizonte con esperanza y listos para trabajar con el anhelo de levantar cabeza lo antes posible.

La apertura tardó, pero puede considerarse aún oportuna, ya que se produce en la antesala de las fiestas de fin de año, uno de los momentos en que se produce el mayor volumen comercial.

PUBLICIDAD

Los pequeños empresarios de Alto Paraná celebraron la reapertura, pero para muchos de ellos se da muy tarde, ya que reportan un número importante de quiebras, debido a la paralización y a la imposibilidad de acceder a los créditos del Fondo de Garantía del Paraguay (Fogapy), así como a las trabas para renegociar deudas en la banca. El representante del gremio en dicho departamento, Iván Airaldi, explicó que este sector busca ahora la sanción de una ley que ordene la reestructuración de las deudas y establezca un plan de apoyo a las mipymes que tuvieron que dejar de operar durante muchos meses por la cuarentena sanitaria.

Todo esto ocurrió ante la mirada impávida de las autoridades que vieron desmoronarse los medios de vida de miles y miles de familias en la zona de frontera, sin que les brindaran suficiente contención. Hoy esas mismas familias vuelven a ponerse de pie y hacer lo que mejor saben: apuntalar su trabajo como la forma de sacarse de encima el polvo y las telarañas que la paralización les causó.

Pero no basta con habilitar los pasos fronterizos para vehículos motorizados. La medida debe ampliarse lo antes posible; incluir a los peatones y no privilegiar exclusivamente a los automovilistas y motociclistas, porque son las personas de a pie las que significan el mayor movimiento y el motor del intercambio. Como lo dijo el propio doctor Guillermo Sequera, director de Vigilancia Sanitaria del Ministerio de Salud cuando se reabrió el Puente de la Amistad en la madrugada de ayer: en Ciudad del Este existen muchas personas que viven a uno de los lados del río Paraná y trabajan del otro lado. Y esa gente necesita desesperadamente volver a activar, y no puede hacerlo si para eso depende de tener un automóvil o una moto, cuando el puente cuenta con una pasarela peatonal diseñada en función de un tráfico voluminoso por este canal.

Y así como es necesario un paquete de medidas que brinde apoyo a quienes viven del movimiento comercial en las fronteras y una respuesta de este sector de compromiso con la formalización, también es imperativo que absolutamente toda la población de las ciudades fronterizas asuma el compromiso de extremar el cuidado de su bienestar sanitario y aplique las medidas que previenen la expansión del coronavirus.

PUBLICIDAD

Los habitantes de las zonas de frontera, especialmente los de Ciudad del Este y ciudades aledañas, donde se registró el epicentro de la pandemia a nivel nacional hace un par de meses, saben de la angustia de contar sus muertos y de poner sus vidas y las de sus seres queridos en riesgo, por no tener suficientes camas en unidades de terapia intensiva. Se podría decir que aprendieron, de la peor manera, que es mejor prevenir que curar. Eso los pone en la obligación moral de cumplir con los protocolos sanitarios y exigir a todos que lo hagan. Hay que recordar que medidas como toma de temperatura y exigencia del lavado de manos no se producirán en los puestos de frontera, sino en los propios comercios.

El momento de guardarse y encerrarse ya pasó. Hoy el país necesita volver a vivir. El confinamiento, una medida medieval por cierto, debe quedar atrás definitivamente. Su sola sombra puede hacer tambalear los hipotéticos beneficios de una reapertura comercial, ya que la incertidumbre no propicia las inversiones ni los planes a mediano y largo plazo.

Por suerte, el Gobierno también parece empezar a comprenderlo. El propio Sequera lo dijo ayer: “No hay condiciones para un rebrote inmediato (…) Estamos muy lejos de eso y si ocurre es muy difícil que tomemos la misma decisión que tomamos en marzo. Tiene que ser algo catastrófico”. Por “la decisión que tomamos en marzo” se refería a la cuarentena total, que confinó a toda la población del país de manera sumamente estricta, seguida por un paulatino y lento ablandamiento de las medidas hasta llegar a la situación actual, en la que rigen aún varias restricciones, pero también hay cierto sesgo de “normalidad”. Explícitamente, Sequera se refirió a la intención de “no volver a ese cierre económico tan temido”.

Como lo demuestra la experiencia de otros países que tuvieron sus picos de pandemia antes que nosotros (primero China, luego países europeos) existe una segunda ola, que al parecer no llega con la misma fuerza que la primera. Para eso también debemos estar preparados. Primero, tratando de minimizar su impacto lo más efectivamente posible usando tapabocas, guardando distancia física e incorporando el hábito de lavado de manos constante con agua y jabón. Y segundo con medidas de respuesta sanitaria y económica previstas de antemano. Esta vez sí ya es necesario pensar en decisiones que no pongan nuevamente a la población en el rol de cordero sacrificial, como ocurre desde marzo, cuando aparecieron los primeros casos de coronavirus en el país.

No podemos olvidar que la apertura de las fronteras físicas del país aún no es total. Falta reactivar el flujo con uno de nuestros principales vecinos: Argentina. Las ciudades paraguayas fronterizas con ese país también necesitan restablecer vínculos con sus pares del otro lado, porque la vida en esos lugares es simbiótica. Los vínculos no son solo comerciales, sino también hay lazos de afecto y cuestiones de la vida cotidiana como la atención médica básica que han quedado interrumpidas. Esperamos tener también pronto noticias positivas al respecto.

Y para terminar, no podemos pasar por alto un hecho casi anecdótico, por el volumen, pero que expone la realidad de las ciudades de frontera. Ayer, apenas dos horas después de que se abriera el Puente de la Amistad, se interceptó el primer cargamento de contrabando desde Brasil a Paraguay. Eran apenas unas cuantas cajas con carne de pollo. El contrabandista no perdió el tiempo. Antes de que cantaran los gallos, y frente a parte de la élite de las autoridades sanitarias, migratorias, militares, agentes de Aduana y demás, cruzó a Foz y al rato estaba de vuelta con su carga clandestina. La apertura de las fronteras no puede ser una excusa para que estas prácticas continúen. No solo las personas deben aspirar a estar sanas, también el comercio.

PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD