Los jóvenes liberales deben rescatar a su partido del abismo

Se recuerda hoy un año más de la frustrada gesta revolucionaria del 18 de octubre de 1891, cuando el mayor Eduardo Vera, héroe de la Guerra del 70, encabezó una insurrección popular contra el Gobierno colorado del presidente Juan Gualberto González, aunque su origen como nucleación política es la creación del Centro Democrático, el 10 de julio de 1887. La calidad de los representantes liberales ha ido decayendo a lo largo de la historia reciente. Los diputados y senadores liberales, con muy pocas excepciones, perdieron la noción de patriotismo y responsabilidad que requiere ocupar una banca en el Congreso. Olvidan, casi todos, que representan a un sector de la ciudadanía que no comparte la manera de hacer política del oficialismo colorado, y se comportan de la misma forma. Hoy el PLRA dista mucho de esos principios que motivaron la creación del Centro Democrático. Lo que vemos es un conglomerado de personas que muestran los mismos vicios que el coloradismo. Mientras este partido no muestre hechos concretos plausibles y conductas dignas de sus representantes, no será opción de cambio. Pág. 12

Se recuerda hoy un año más de la frustrada gesta revolucionaria del 18 de octubre de 1891, cuando el mayor Eduardo Vera, héroe de la Guerra del 70, encabezó una insurrección popular contra el Gobierno colorado del presidente Juan Gualberto González, acusando al oficialismo de persecución y fraudes electorales. Esta es la fecha que tradicionalmente celebran los liberales como un momento trascendente de su historia, aunque su origen como nucleación política es la creación del Centro Democrático, el 10 de julio de 1887, que tuvo como sus fundadores a Antonio Taboada, José de la Cruz Ayala (Alón), Cecilio Báez y muchos otros hombres notables de esa época.

Como lo recuerda un connotado político liberal, Carlos Alberto González Garabelli, en su obra “Apuntes históricos e ideología del liberalismo paraguayo”, el origen del Centro Democrático se debió en parte a las arbitrariedades del Gobierno del Gral. Bernardino Caballero –que sancionó leyes latifundistas en los años 1883 y 1885–, así como la defensa de la libertad de prensa y otras libertades del ciudadano.

La calidad de los representantes del Partido Liberal, sin embargo, ha ido decayendo a lo largo de la historia reciente, principalmente desde el golpe de Estado al dictador Stroessner en el año 1989. En los sucesivos periodos parlamentarios, los diputados y senadores liberales, con muy pocas excepciones, perdieron la noción de patriotismo y responsabilidad que requiere ocupar una banca en el Congreso. Olvidan, casi todos, que representan a un sector de la ciudadanía que no comparte la manera de hacer política del oficialismo colorado, y se comportan de la misma manera, despreciando los valores democráticos republicanos.

Quienes deberían actuar con estoicismo, tal como lo demostraron ilustres ciudadanos como Cecilio Báez, Eligio Ayala, Eusebio Ayala y muchos líderes del Partido Liberal, que con su comportamiento, más que con discursos, siempre mantuvieron una conducta honorable sirviendo al país, hacen todo lo contrario, despreciando a los padres fundadores del liberalismo paraguayo.

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El historiador Alfredo Viola recuerda en su obra “Eligio Ayala. Presidente Constitucional 1924-1928”, que en su mensaje ante el Congreso, el 1 de abril de 1927, refiriéndose a los partidos políticos, el estadista dijo: “Han sido los obreros abnegados de nuestra cultura democrática. Mas por desgracia, alguna de nuestras más funestas crisis políticas fue causada por la relajación moral, por la desorganización y los arrebates irreflexivos de alguno de ellos. El porvenir del Paraguay no podrá estar seguro si la política de todos los partidos políticos no responde a las necesidades nacionales” (pp. 52/53).

Hoy el Partido Liberal Radical Auténtico dista mucho de esos principios que motivaron la creación del Centro Democrático, y que fueron defendidos por hombres de valía que integraron sus filas. Lo que vemos es un conglomerado de personas que muestran los mismos vicios que el coloradismo, al que supuestamente enfrentan políticamente. Su único objetivo es lucrar desde los cargos a los que acceden, respondiendo a su concepto mercantilista de la política.

Los políticos liberales de la actualidad son muy parecidos entre sí, responden a liderazgos mezquinos, como el de Blas Llano o el de Efraín Alegre. El primero de ellos convertido en una pieza afín al expresidente Horacio Cartes, prioriza su amistad y olvida la responsabilidad de actuar como contrapeso del poder gobernante. Alegre, por su lado, se ocupa de sus propias batallas, sin mostrarse abierto a buscar un partido más moderno y con espacio para nuevos hombres y mujeres. Ambos líderes liberales están enfrascados en sus lides internas monotemáticas, y se conforman con victorias dentro de su partido, para luego contar con cierta cantidad de bancas o espacios en el Estado. Nunca hicieron un esfuerzo serio por unir fuerzas en aras de una oposición seria y fuerte. Mucho menos asumen su responsabilidad de aunar esfuerzos para lograr un frente de oposición que represente a los innumerables sectores sociales que padecen los abusos del oficialismo.

Los grupos minoritarios en el PLRA han cometido los mismos errores que los llanistas y efrainistas, puesto que no logran unirse para desplazarlos, y tampoco generan expectativa en sus afiliados ni en los votantes al momento de las elecciones generales. Prueba de ello es que, por un lado, la representación parlamentaria de los liberales ha ido disminuyendo, y por otro, los ciudadanos no liberales los ven tan inoperantes, egoístas y corruptos como a los colorados.

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En este escenario, y de acuerdo al comportamiento que mostraron los políticos liberales de la actualidad, surge la pregunta sobre la verdadera intención que tienen de constituirse en una alternativa frente al oficialismo. Todo parece indicar que no les interesa marcar diferencias. La precariedad intelectual y moral de los integrantes de la bancada liberal es la lógica consecuencia del sistema electoral corrupto, que está al servicio del mejor postor.

Mientras el Partido Liberal no muestre con hechos concretos conductas dignas de sus representantes, con debates que incluyan problemas latentes de la sociedad paraguaya, como la educación, la salud, la seguridad, la juventud, etc., no será opción de cambio.

El egoísmo, la falta de sensibilidad social, la voracidad por los bienes públicos, la vinculación con grupos delincuenciales, la pobreza moral, alejarán cada vez más a este partido del ideal que trazaron en 1887 los fundadores del Centro Democrático. La nación paraguaya necesita de una oposición firme en convicciones, valores democráticos y patrióticos, para enfrentar los atropellos del poder de turno y sus señales antidemocráticas. Resta esperar que jóvenes liberales asuman esa responsabilidad, desplazando a líderes con ideas torcidas, combatiendo intereses sectarios, para que el principal partido de oposición sea un factor de contrapeso digno y creíble, retomando los caminos marcados por sus fundadores y hombres de bien.

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