La gente debe acudir a los vacunatorios

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Pese a que en este momento hay suficiente disponibilidad de vacunas contra el covid-19, la campaña de vacunación se ha estancado peligrosamente. El porcentaje de la población que ha recibido al menos una dosis es de tan solo el 41%, uno de los más bajos del continente, apenas tres puntos porcentuales por encima de la cifra del 1 de octubre (38,3%). La sociedad parece haberse convencido de que la pandemia ha quedado atrás y de que ya no necesita hacer nada para protegerse. Es un gravísimo error. La tendencia mundial indica que se vendrá una nueva ola de contagios, algo que en nuestra región ya está ocurriendo. Es sumamente importante estar preparados para cuando ello ocurra, pero la realidad es que, al día de hoy, seis de cada diez personas en Paraguay siguen sin tener ningún tipo de inmunización.

Pese a que en este momento hay suficiente disponibilidad de vacunas contra el covid-19, la campaña de vacunación se ha estancado peligrosamente. El porcentaje de la población que ha recibido al menos una dosis es de tan solo el 41%, uno de los más bajos del continente, apenas tres puntos porcentuales por encima de la cifra del 1 de octubre (38,3%). La sociedad parece haberse convencido de que la pandemia ha quedado atrás y de que ya no necesita hacer nada para protegerse. Es un gravísimo error. La tendencia mundial indica que se vendrá una nueva ola de contagios, algo que en nuestra región ya está ocurriendo en Chile. Es sumamente importante estar preparados para cuando ello ocurra, pero la realidad es que, al día de hoy, seis de cada diez personas en Paraguay siguen sin tener ningún tipo de inmunización.

Esta vez no es culpa directamente del Gobierno o del Ministerio de Salud Pública, que hacen infructuosos llamados para que la gente se inscriba y acuda a los vacunatorios, cosa que no está ocurriendo al ritmo que se requiere. A tal punto es así que se está convocando a adolescentes (con muy baja respuesta hasta ahora, solo 110.000 de 850.000) y a los ya vacunados para recibir dosis de refuerzo, pero no es suficiente. Hay que insistir en la concientización y cada uno debe colaborar para que el país no vuelva a sufrir una calamidad como la de mediados de este año.

El mayor problema no estará en el recrudecimiento del número de infectados por covid. Todo apunta a que eso no se podrá evitar, salvo que esta zona del mundo, y Paraguay en particular, sean una excepción, cosa poco probable. Lo que hay que lograr es reducir al máximo los casos graves y las muertes, algo que solo se puede conseguir con la vacunación.

En contra de las previsiones de los escépticos y de los “antivacunas”, a estas alturas ya hay clarísima evidencia a nivel global de que la inoculación de las distintas variedades anticovid debidamente indicadas ha sido sumamente exitosa, si no para detener totalmente la propagación del virus, sí para controlar drásticamente sus efectos más nocivos.

Desde que se desató la pandemia a principios de 2020 se han registrado en el mundo 244 millones de casos y casi 5 millones de muertes, pero la mayor parte de estas se produjo cuando todavía no había vacunación masiva, con picos en enero y en abril/mayo de 2021. En lo que va de este año se han aplicado globalmente 7.000 millones de dosis y aun hoy se administra una media de 24 millones por día, algo que no tiene precedentes en la historia de la humanidad. El resultado es que, si bien ha habido sucesivas oleadas de contagios, con la aparición de nuevas cepas por la natural mutación del virus, el número relativo de muertes es muy inferior en comparación con la primera mitad del año, especialmente en los países desarrollados, donde la vacunación ha sido más universal.

Por ejemplo, uno de los países en el que se ha producido un fuerte rebrote es el Reino Unido, donde se están reportando 657 casos diarios por millón de habitantes. Para tener una idea, en su peor momento, en mayo, Paraguay registró 421 casos diarios por millón de habitantes. Sin embargo, el número de muertes diarias por covid en el Reino Unido es de 2,07 por millón de habitantes, frente a los 19 por millón que llegó a tener Paraguay.

La diferencia es que en el Reino Unido ocho de cada diez habitantes están vacunados, siete de los cuales ya han recibido las dos dosis, y una parte ya el tercer refuerzo. En cambio, en países como Rumania, donde también ha habido un duro rebrote, con cifras de hasta 759 casos diarios por millón de habitantes, y donde la vacunación solo alcanza al 30% de la población, las muertes diarias superan los 21 por millón.

La correlación es muy clara y el mismo patrón se repite con muchos otros ejemplos. La gran pregunta es qué pasará en Paraguay si los casos comienzan nuevamente a crecer, como está pasando en Chile, donde se triplicaron en las dos últimas semanas. Aun cuando hay excepciones que confirman la regla, lo que se puede esperar en general es que el riesgo de sufrir complicaciones severas sea bajo para aquellos que están vacunados. Pero todavía hay casi 4.500.000 personas en el país que no están inmunizadas y que estarán expuestas a un alto riesgo, sobre todo si ingresan las cepas más agresivas, algo muy difícil de impedir.

En un escenario pesimista, pero posible, los hospitales volverán a abarrotarse, los fallecimientos volverán a incrementarse, se volverán a imponer restricciones estrictas, los sectores de la economía que están tratando de recuperarse volverán a sufrir un duro impacto, lo mismo que las ya escuálidas finanzas públicas.

No hay ninguna razón material para llegar a esa situación. Hoy mismo hay 600.000 dosis en stock, anuncian el arribo de 3 millones para fin de año y hay preacuerdos con laboratorios que están por lanzar nuevas variedades aprobadas al mercado, por lo que no deberían faltar vacunas. El Gobierno debe hacer lo suyo, facilitando todo lo que se pueda facilitar y hacer mayores esfuerzos de promoción. Pero no todo tiene que venir de arriba, la gente no se tiene que olvidar de los más de 16.000 muertos que sufrió el país, debe inscribirse, ir a los vacunatorios e incitar a su entorno a que lo haga. Cada cual debe cumplir su responsabilidad consigo mismo, con sus familias y con los demás.