No confiar en los acuerdos de palabra con Argentina

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El vicepresidente Pedro Alliana anunció muy orondo que la Argentina se comprometió a pagar a la Entidad Binacional Yacyretá (EBY) 30 millones de dólares mensuales, por compra de energía y amortización de deuda por energía cedida por Paraguay. La noticia fue desmentida por el lado argentino de la EBY. Lo mismo ocurrió con la promesa atribuida al ministro de Economía argentino, Sergio Massa, de que sería levantado el cobro del peaje en la hidrovía. Así, las autoridades nacionales fueron tildadas de mentirosas. Queda la duda de si los argentinos son unos redomados mentirosos o si nuestras autoridades inventan cosas para justificar algunas faltas de resultados en sus gestiones.

El 21 de septiembre, el vicepresidente de la República, Pedro Alliana, anunció muy orondo que la Argentina se comprometió a pagar a la Entidad Binacional Yacyretá (EBY) 30 millones de dólares mensuales: 18 millones estarían destinados a la compra de la energía excedente cedida por el Paraguay y 12 millones a la amortización de la deuda de 93 millones por la energía ya adquirida de nuestro país, a precios preferenciales. La buena nueva –ratificada por el Equipo Económico Nacional– fue “taxativamente” desmentida el 3 de octubre por el lado argentino de la EBY, mediante un comunicado en el que se decía que “en ningún momento” se acordaron tales cuotas mensuales y que esas afirmaciones “no son acordes a las altas responsabilidades que como funcionarios públicos debemos respetar”. Una fuerte admonición a nuestro Gobierno.

En otros términos, altas autoridades nacionales fueron tildadas de mentirosas, pues en la última reunión del Comité Ejecutivo de la EBY, el director argentino solo habría pedido que se conforme un grupo técnico “para determinar las reales acreencias de cada parte”. Si se hubiera labrado un acta de esa reunión, sería muy fácil constatar quién está mintiendo; si existió tal compromiso, los paraguayos tuvieron que haber exigido que conste en un documento. El director ejecutivo compatriota, Luis Benítez, dijo que solo se trató de un compromiso verbal, como si ello hubiera sido suficiente en unas tratativas indirectas con un Gobierno que hace poco –otra vez, según los funcionarios paraguayos– engañó al nuestro, por boca de su ministro de Economía, Sergio Massa, en la grave cuestión del peaje arbitrario en la hidrovía. La historia enseña que a la hora de negociar con nuestros vecinos del sur hay que extremar las precauciones, sobre todo porque la mediterraneidad del Paraguay lo expone a variadas presiones. Así como están las cosas, queda la duda de si los argentinos son unos redomados mentirosos o si nuestras autoridades inventan cosas para justificar algunas faltas de resultados en sus gestiones.

Aunque el socio fuera fiable, sería inadmisible que un acuerdo financiero tan importante no se hiciera constar en un documento formal, suscrito por las partes. Los paraguayos que asistieron a la reunión del Comité Ejecutivo de la EBY fueron muy tontos o muy crédulos, al darse por satisfechos con meras palabras, a las que el viento se ha llevado muy pronto. Tampoco sobresalieron por su discreción el vicepresidente de la República y los miembros del Equipo Económico Nacional, cuando aceptaron los dichos del director ejecutivo paraguayo, como si ellas obligaran necesariamente a la parte deudora. Es evidente que, en negociaciones como esta, no valen los pactos de caballeros, sino las obligaciones bien documentadas.

El exgobernador y exdiputado Luis Benítez afirmó que la EBY “siempre se manejó así”, o sea, oralmente; se habla de sumas multimillonarias en dólares, pero todo se haría de palabras, sin instrumentos respaldatorios, como si la entidad binacional fuera un almacén de barrio. Tras el enérgico desmentido de los argentinos, el ministro de Economía y Finanzas, Carlos Fernández Valdovinos, declaró que él “no compraría un 0 kilómetro” de nuestros vecinos, de lo que se desprende que ya aprendió la lección. Es deseable que lo mismo haya hecho el director ejecutivo paraguayo de la EBY y que en adelante se abandone allí la desatinada tradición del “manejo” oral, en homenaje a la formalidad deseable en una gran entidad binacional que se ocupa de cuantiosos intereses.

Es lamentable que cuestiones tan importantes entre dos países sean manejados a nivel de “dimes y diretes”. Es evidente que nuestros socios argentinos no se distinguen por su sensatez ni por su credibilidad, de modo que habrá que actuar con suma prudencia al tratar con ellos, defendiendo con todo vigor el interés nacional, sin incurrir en chapucerías imperdonables, como las comentadas. Es bueno confiar, pero es mejor controlar.