Que acuerdo Mercosur-UE sea instrumento útil para todos y no una fuente de disputas

Después de más de un cuarto de siglo de negociaciones, el Mercosur y la Unión Europea (UE) firmarán hoy en Asunción un acuerdo para crear la mayor zona de libre comercio del mundo, lo que en principio resulta plausible: el proteccionismo impide el crecimiento global, como dijo el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, quien al parecer estará ausente por motivos ajenos al evento. El trabajoso pacto, cuya vigencia dependerá de su ratificación por el Parlamento Europeo y los Congresos de Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, no satisface al canciller Rubén Ramírez Lezcano, pues esperaba que las regulaciones que traban la exportación de alimentos al Viejo Continente fueran reducidas aún más. Empero, a su criterio, abriría “caminos de negociación”. La enorme ampliación del mercado libre para los bienes generados en el país debería atraer inversiones y la reducción de las tarifas aduaneras favorecer a los consumidores nacionales. Para ello, es indispensable que el acuerdo se cumpla sin cortapisas: el libre intercambio de bienes y servicios beneficiará a todos, siempre que las reglas del juego sean aplicadas de buena fe.

Al cabo de más de un cuarto de siglo de duras negociaciones, el Mercosur y la Unión Europea (UE), que reúnen a 31 países democráticos, firmarán hoy en Asunción un acuerdo para crear la mayor zona de libre comercio del mundo, lo que en principio resulta plausible: el proteccionismo impide el crecimiento global, como dijo el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, quien al parecer estará ausente por motivos ajenos al evento.

El trabajoso pacto, cuya vigencia dependerá de su ratificación por el Parlamento Europeo y los Congresos de Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, no satisface al canciller Rubén Ramírez Lezcano, pese a que nuestro país tendrá “un trato especial y diferenciado” al lograr “beneficios adicionales, como la cuota de 50.000 toneladas de azúcar” y la de 1.500 toneladas adicionales de carne porcina, pues esperaba que las regulaciones que traban la exportación de alimentos al Viejo Continente fueran reducidas aún más. Empero, a su criterio, abriría “caminos de negociación”, esto es, la posibilidad de seguir insistiendo en una mayor apertura de la contraparte, sometida sobre todo a fuertes presiones del sector agropecuario francés que, entre otras cosas, invoca el encarecimiento de sus costos debido al ecologismo, que restringiría la libre competencia con los productores del Cono Sur.

Aún hay obstáculos que vencer, aunque la UE se comprometa por de pronto a eliminar aranceles para el 92% de las importaciones provenientes de nuestra región. En contrapartida, sus exportaciones de vehículos y maquinarias, quesos y vinos se verán facilitadas. A la Unión de Gremios de la Producción le inquieta el reglamento de salvaguardias bilaterales, aprobado por los europeos en diciembre último, ya que ellas serían aplicables unilateralmente para proteger sus mercados, generando incertidumbre. El ministro de Agricultura y Ganadería, Carlos Giménez, dijo que el Paraguay estará “exento” de esas medidas, pues sería incapaz de exportar a Europa tanto que pueda alterar significativamente su economía. También el canciller sostuvo que las cláusulas de salvaguardia serían inaplicables a nuestro país, pero por una razón muy distinta: simplemente, dijo, “no forman parte del acuerdo” que, por lo demás, tendría “herramientas” para solucionar “diferencias”, si esas disposiciones fueran ejecutadas.

Habrá que ver si el acuerdo en cuestión, inspirado en laudables propósitos, arroja buenos resultados para ambas partes y, en especial, para nuestro país. Es de desear que así ocurra, dado que el Mercosur, en sí mismo, se ha revelado hasta ahora como un fracaso, en lo que al Paraguay atañe: no pudo negociar convenios comerciales fuera del bloque y se vio forzado a elevar sus tarifas aduaneras para converger con el Arancel Externo Común proteccionista, lo que causó el encarecimiento de las mercaderías de extrazona. El espíritu del acuerdo con la UE es tan encomiable como el del Tratado de Asunción que creó el Mercosur, siendo de esperar con mucha cautela que su correcta aplicación contribuya, efectivamente, al libre comercio y que nuestro país pueda aprovechar los beneficios pretendidos, para lo cual será necesario modernizar el aparato productivo.

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La enorme ampliación del mercado libre internacional para los bienes generados en el país debería atraer inversiones y la reducción de las tarifas aduaneras favorecer a los consumidores nacionales, tal como lo espera el ministro de Industria y Comercio, Javier Giménez. Para ello, es indispensable que el acuerdo se cumpla sin cortapisas, a diferencia de lo que ha venido ocurriendo en nuestro mercado regional: el libre intercambio de bienes y servicios beneficiará a todos los intervinientes, siempre que, cabe insistir, las reglas del juego sean aplicadas de buena fe.

A partir de ahora habrá que observar con suma precaución el desarrollo de los acontecimientos, para no volver a sufrir un desengaño que ya sería excesivo. En pocas palabras, la idea es buena, pues el potencial que abre es enorme para todos los países, pero la realización es otra cosa: mucho importará, en este contexto, que los firmantes del convenio respeten lo acordado.