El Dr. Isaías Fretes, presidente del Consejo de Administración del Instituto de Previsión Social (IPS), dijo en mayo que más de mil remedios serían excluidos de la lista de suministros porque se compraban “al santo botón: terminaban podridos en el parque”. Ayer se supo que fueron eliminados 916 insumos quirúrgicos y 23 fármacos para optimizar recursos y acabar con las irregularidades heredadas. En verdad, resulta indignante que mientras los pacientes y sus familiares debían organizar polladas para comprar medicamentos de los que carecía la entidad previsional, esta incurría en notorios malgastos que tal vez no hayan sido atribuibles solo a una planificación deficiente de las compras, sino presumiblemente a una vil connivencia entre ciertos funcionarios y ciertos proveedores.
En marzo, la gerente de Abastecimiento y Logística, Cecilia Rodríguez, reveló que faltaban 154 remedios (“stock cero”), de los cuales 102 eran “urgentes”, mientras se adquirían otros que eran innecesarios. En mayo, tras una denuncia penal, el Ministerio Público encausó por los presuntos delitos de lesión de confianza y malversación de fondos públicos al Dr. Jorge Brítez, expresidente del Consejo de Administración, y a Jaime Caballero, exgerente de Abastecimiento y Logística. Es obvio que el IPS debería contar con datos estadísticos actualizados acerca de las dolencias más frecuentes, para planificar con tino las compras de insumos y medicamentos con mayor demanda, pero, evidentemente, tal cosa no ocurría.
Sin embargo, al parecer se derrochaban los aportes obrero-patronales en provecho de “amigos de la casa”, que habrán sabido retribuir el servicio prestado. Bien podría plantearse la pregunta acerca de cuántos asegurados fallecieron en los últimos años porque el IPS no contaba con los recursos necesarios para tratar sus dolencias, por haber incurrido en gastos superfluos que, por lo demás, repetimos, no habrán sido desinteresados. El derroche con mortales consecuencias se produjo pese a que el IPS mantenía a un ejército de funcionarios y a consejeros que tenían asesores bien rentados, que no creyeron oportuno indagar si convendría o no omitir ciertas compras en beneficio de otras que servirían para tratar afecciones de mayor incidencia. A lo largo de los años, la corrupción y/o la negligencia culposa en cuanto a los suministros, habrán enlutado a muchas familias que no pudieron obtener por su cuenta los fármacos o los insumos de los que el IPS carecía.
A propósito, como si faltara más, el consejero José Emilio Argaña, representante de los empleadores, que aprobó los Presupuestos, está con permiso con goce de dieta hasta el 22 de junio, para disgusto del Dr. Isaías Fretes, así como de la Federación de la Producción, la Industria y el Comercio y de la Unión Industrial Paraguaya, pero no así del presidente Santiago Peña, por motivos que se ignoran. Es deseable que quien hoy preside el IPS siga tratando de poner la casa en orden, para lo cual tendrá que superar muchas resistencias previsibles: los ilegítimos intereses allí creados son muy fuertes, pero habrá que vencerlos si algo importan los derechos de los sufridos asegurados.
Habría que empezar simplemente por no malversar ni dejar malversar, rompiendo lazos con los proveedores confabulados en licitaciones amañadas, sin perjuicio de ir saneando las cuentas para saldar las multimillonarias deudas arrastradas, aunque ellas provengan, lamentablemente, de la compra inútil de insumos y medicamentos. La entidad previsional debe estar al servicio de los asegurados y no de quienes la dirigen ni de sus funcionarios. Allí debe ponerse fin a las “muertes evitables”, que hasta podrían ser castigadas por el Código Penal. Los gastos superfluos en detrimento de los insumos y medicamentos necesarios implican un atentado contra la razón que puede tener consecuencias fatales, aunque no lo crean quienes no tienen conciencia de sus efectos. Se debe prescindir de los responsables de estas iniquidades, aplicándoles el merecido castigo que indica la ley. De lo contrario, quienes pescan en río revuelto pronto volverán a las andadas y los esfuerzos de la actual administración para limpiar el podrido ente quedarán en la nada.