Al intendente asunceno, Luis Bello (ANR, cartista), al parecer le importaron un bledo los antecedentes penales de un funcionario en el ejercicio de la función pública, según se deduce del nombramiento de Víctor Basualdo como director de Servicios Urbanos de la Municipalidad. El “currículum vitae” del agraciado incluía una relativamente reciente condena a dos años de cárcel, con ejecución suspendida, por los delitos de lesión de confianza y asociación criminal, cometidos entre 2019 y 2020, que causaron un perjuicio de más de 15.384 millones de guaraníes a la Gobernación del Departamento Central, encabezada entonces por el hoy también condenado exgobernador Hugo Javier González. Al intendente también le tuvo sin cuidado que el art. 13, inc. b), de la Ley de la Función Pública y del Servicio Civil mencione entre las inhabilidades para fungir de servidor público el “haber sido condenado por hechos punibles contra el Estado, contra las funciones del Estado o contra el patrimonio del Estado”. No puede descartarse que Bello conociera los antecedentes de su elegido pero que, por alguna razón desconocida, de igual manera lo quisiera en su equipo. Ante los diversos cuestionamientos recibidos y la presión de los gremios municipales, se tuvo que anular la designación del cuestionado personaje.
La evidente ilicitud de la designación dice mucho acerca de la persistencia de las “terribles prácticas ilegales” constatadas por el exinterventor municipal Carlos Pereira, también reflejadas, por ejemplo, en la aprobación del balance general de 2025. Se sabe que en el Palacete Municipal la ley y la moral valen muy poco, pero esta vez Luis Bello se pasó de la raya, hasta el punto de que el nombramiento fue objetado incluso por ediles que han venido avalando los abusos cometidos desde la infausta gestión de “Óscar “Nenecho” Rodríguez. En efecto, la Junta Municipal expresó su “rechazo categórico” a la incorporación de Basualdo, presidente de la seccional colorada N° 40, de Asunción, cargo que pudo ser decisivo para su pronta reincorporación en la función pública tras su condena.
Es saludable que también el Sindicato de Obreros y Empleados de la Municipalidad haya exigido que la designación sea revocada, pues “necesitamos gente honesta”, al decir de su secretario general, Julio Fernández. Este hizo una curiosa revelación: el jefe comunal le habría dicho que “lastimosamente no miró los antecedentes” del designado, lo que implica que, como si viviera en un termo, ni siquiera se enteró del sonado caso de la Gobernación. Ayer, tras ser emplazado por sindicatos hasta el mediodía, estimó oportuno revocar el nombramiento.
Es muy probable que el abogado y/o economista de marras haya sido apadrinado por influyentes autoridades partidarias, como habría ocurrido antes al convertirse en director de Gestión y Calidad del Instituto Paraguayo del Indígena, también luego de haber sido condenado. Como se sabe, la ley y la moral pesan en la función pública mucho menos que el carnet partidario y el respaldo político. En otras palabras, está visto que en la Comuna capitalina la meritocracia pierde por goleada ante el clientelismo político, a tal punto que el plantel de funcionarios ronda hoy los 9.000 asalariados, de los cuales 3.000 resultan prescindibles, según reveló en su momento el mencionado interventor Pereira
Por una ironía del destino, el hoy exdirector municipal iba a ocuparse de la limpieza y del embellecimiento urbanos, teniendo un historial bastante sucio. Los gravísimos problemas que agobian a la ciudad son el resultado de este tipo de afrentas. Es lamentable la impunidad política, resultante también muchas veces de la indiferencia ciudadana ante barbaridades desembozadas.
Es deseable que los cercanos comicios den inicio a una historia bien distinta de la que los capitalinos han venido soportando en los últimos años. Para ello, resulta necesario que, entre otras cosas, el nuevo jefe comunal conozca los antecedentes de las personas que ocuparán cargos de confianza: no sería mucho pedir en beneficio de Asunción, tan maltratada por la corruptela, la ineptitud y la desidia municipales. Si es cierto lo confesado por Luis Bello, de que no sabía del “prontuario” del designado, bien se puede afirmar que Asunción se maneja “a la bartola”. Los vecinos tienen el 4 de octubre la oportunidad de cambiar esta lamentable historia.