La anterior prueba PISA en la que había participado Paraguay fue en 2022, todavía en la última etapa de la pandemia, que fue una tragedia educativa a nivel global, con interrupción de clases presenciales que no pudieron ser ni mínimamente compensadas con mecanismos virtuales. Pese a ello, increíblemente, Paraguay no se desplomó tanto como otros países y logró mantener relativamente los mismos niveles (aunque muy bajos) de la prueba piloto que se había hecho en 2018.
La coyuntura posterior en nuestro país fue completamente distinta. Hubo una fuerte recuperación económica a partir del año 2023, atribuible al dinamismo del sector privado, y a este Gobierno le ha tocado un ciclo sostenido de crecimiento, lo que ha generado récords de recaudaciones del fisco (es decir, más dinero extraído a la ciudadanía), además de recursos adicionales en forma de “fondos socioambientales” por diferencia tarifaria de Itaipú, de los que esta administración se suele jactar, con los que supuestamente se financian programas de educación por encima del Presupuesto General de la Nación.
Ramírez es titular del MEC desde el inicio de este Gobierno. En sus primeras declaraciones públicas dijo que no buscaría “convencer con discursos teóricos, sino con hechos concretos”, y subrayó que el objetivo central de su gestión sería elevar significativamente la calidad educativa, con dos focos principales.
El primero, según detalló, sería la comprensión lectora y las ciencias básicas, para lograr que los niños paraguayos aprendieran a leer, escribir y comprender correctamente desde los primeros años de escolaridad. El segundo sería el bienestar integral del estudiante, que vinculó con asegurar de manera prioritaria e ininterrumpida la alimentación escolar, la salud mental y la entrega a tiempo de los kits escolares.
Obviamente, la transformación educativa no es un proceso que se pueda dar de la noche a la mañana, pero, en tres años, en medio de condiciones favorables, lo lógico era que se hubiera avanzado aunque fuera un poco en la dirección apuntada. Sin embargo, “los hechos concretos” indican que se retrocedió todavía más.
La prueba PISA, tomada a 6.510 estudiantes de 15 años de 293 instituciones educativas, dan cuenta de una “caída drástica” en lectura, que bajó de un puntaje medio de 373 a 352 puntos desde la evaluación de 2022, lo que sugiere que ¡ocho de cada diez! adolescentes no alcanzan el nivel mínimo de compresión lectora.
Asimismo, hubo un “retroceso marcado” en ciencias, cuyo puntaje medio cayó de 368 a 355 puntos desde 2022, con solo el 24% de los alumnos alcanzando el umbral básico de competencia, mientras que se registró un “estancamiento crítico” en matemáticas, con una caída de 4 puntos frente al resultado de 2022, con el 91% de los alumnos sin poder resolver problemas matemáticos básicos.
El hecho de que el deterioro educativo es un fenómeno observable en muchas partes del mundo, y en particular en América Latina, no es pretexto suficiente. Primero, porque mal de muchos, consuelo de tontos. Segundo, porque el desempeño de Paraguay fue peor que el de la mayoría. Entre trece países evaluados en Sudamérica, Centroamérica y el Caribe, Paraguay empata en el último lugar con Guatemala, por debajo de República Dominicana.
La excusa del bilingüismo que ensayó el ministro es inaceptable, como también lo es la de la falta de inversión. Los recursos nunca son suficientes, pero en los últimos cuatro años, solo con el presupuesto, sin contar Itaipú, se han destinado más de 6.000 millones de dólares a educación pública y, en contrapartida, se ha empeorado en todos los ítems. ¿Qué se hizo con la plata? Se esfumó en salarios, en una burocracia espantosa e ineficaz, en politiquería y corruptela.
Varios gremios docentes anunciaron movilizaciones con suspensión de clases para el 17 y 18 de septiembre en reclamo de la inclusión de un ajuste salarial del 8% en el Presupuesto 2027. Los políticos son rápidos para repartir el dinero de los contribuyentes, sobre todo en tiempo electoral, pero ¿por qué la ciudadanía tiene que pagar más por un servicio tan deplorable? El sector recibió aumentos en 2024, 2025 y 2026, pero la educación cada vez está peor. En los discursos pueden poner mil evasivas, pero ese es el hecho concreto.