Cambios en IPS y en el Ministerio de Salud generan grandes espectativas

El 10 de septiembre, la ministra de Salud Pública y Bienestar Social, María Teresa Barán, firmó por su cuenta un acuerdo con un grupo de los renunciantes médicos especialistas y subespecialistas de su cartera, paralelo al que buscaba el propio Gobierno. Precisamente, un día después, el titular de la ANR (Partido Colorado) y del movimiento dominante en su seno (Honor Colorado), Horacio Cartes, estimó que era su deber “reiterarle” al presidente de la República, Santiago Peña, “una de las principales preocupaciones” del pueblo: “la situación de la salud pública”. Instó al jefe de Estado a que esta sea una de las “prioridades centrales de su gestión” y le hizo saber que “cuando está en juego la salud de nuestra gente, no hay margen para postergar”. El 13 de septiembre, un día domingo, el jefe de Estado aceptó la renuncia de la ministra mencionada y nombró en su reemplazo al doctor Isaías Fretes, quien a su vez fue sustituido al frente del Instituto de Previsión Social (IPS) por Derlis León, hasta entonces gerente de Salud de la previsional.

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Llamó la atención que el doctor Fretes haya sido cambiado en el IPS a tan solo cinco meses del inicio de su gestión, teniendo en cuenta que venía mostrando lo que parecía ser una voluntad de sanear el podrido ente. Al menos venía sacando numerosos trapos sucios que sorprendieron por sus características y magnitud. Habría convenido darle más tiempo para proseguir la hercúlea tarea de limpiar el establo. Como estuvo revelando fechorías diversas, es de esperar que su traslado no haya respondido al deseo de impedir que llegue a sacar a la luz ilicitudes aún más graves que podrían afectar a gente encumbrada del poder. Precisamente, la senadora Yolanda Paredes (Cruzada Nacional) expresó que le preocupa el “cambio de barco” del titular del IPS, aludiendo a su calidad de marino militar.

Las primeras declaraciones de Isaías Fretes se centraron en la crisis salarial de los médicos del sector público y evidenciaron que comprende los reclamos de sus colegas. También habló de la necesidad de que, para optimizar recursos, el Ministerio que hoy dirige forme un frente común con el IPS en la compra de fármacos. Se trata de una propuesta interesante, pero delicada, lo que exigiría ajustes normativos porque, entre otras cosas, las fuentes de ingresos de ambos organismos son distintas.

En cuanto al nombramiento del doctor Derlis León al frente del IPS, despertó preocupación en algunos sectores, atendiendo a su larga experiencia en el ente, incluyendo los periodos en que se produjeron graves hechos que han contribuido al vaciamiento de la institución. En tal sentido, no debe descartarse que el personal envilecido del lugar esté muy contento de que su nuevo jerarca sea alguien que se precia de tener veintidós años de antigüedad en el organismo, aunque su sola veteranía no lo favorezca. En verdad, es presumible que, por acción u omisión, haya sido responsable de algún mal servicio, por así decirlo. Vale recordar que, en marzo de 2025, dejó de ser el director general de Desarrollo de Servicios y Redes de Salud del Ministerio de área, debido a que un neonato falleció en el Hospital Regional de Villarrica porque la terapia intensiva que inauguró allí Santiago Peña se desmontó al día siguiente. Pese a ello, dos meses más tarde se convirtió en gerente de Salud del IPS, sin haber descollado por su buen desempeño, ni mucho menos.

Los lamentables antecedentes en la sanidad hacen necesario que la población exija el respeto al fundamental derecho a la salud, violado una y otra vez por los corruptos, incapaces e indolentes, a sueldo de sus víctimas. Es deseable que, en defensa de la vida, el nuevo ministro del área muestre una energía similar a la desplegada en su anterior cargo, adonde llegó en abril diciendo “no sé robar”: ya haría mucho por la salud pública si conservara esta loable “ineptitud”. Habrá que ver los resultados del propuesto frente común con el IPS; por de pronto, ya tendrá mucho que hacer con ocuparse de que haya suficientes medicamentos, insumos, equipos y personal de blanco, y que consiga sortear la difícil situación actual con sus colegas que reclaman reivindicaciones.

El drama sanitario no solo tiene que ver con cuestiones presupuestarias ni con los salarios de los facultativos; en última instancia, también incide en la terapia la pésima administración, en la que el Ministerio y la entidad previsional tienen un deplorable historial. Es evidente que tanto en el IPS como en Salud Pública falta de todo, empezando por la honestidad y la idoneidad, como viene denunciando el Círculo Paraguayo de Médicos. Mucho dependerá, cabe reiterarlo, de que la ciudadanía no tolere estoicamente que el sistema sanitario sea una suerte de botín de personajes inescrupulosos.