Condenable fanatismo religioso

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El bárbaro atentado perpetrado ayer en París contra la sede del semanario satírico francés “Charlie Hebdo” ha estremecido de nuevo al mundo por su ciega brutalidad. Últimamente la explosiva mezcla de política y religión ha llevado a la emergencia de grupos religiosos terroristas que, al influjo del fanatismo islámico, buscan objetivos políticos concretos. Entre todas las religiones de mayor predicamento, el islamismo es la más afectada por el recrudecimiento del fanatismo llevado al extremo. Sus líderes insisten en que la violencia desatada en nombre de Dios es la única forma de lograr cambios políticos. Los paraguayos no debemos perder de vista la amenaza que el terrorismo jihadista islámico representa para nuestra convivencia democrática. Como un medio de prensa de un país libre, no podemos sino condenar enérgicamente el atentado cometido contra el semanario francés y solidarizarnos con la sociedad de ese país en este terrible momento que le toca vivir.

El bárbaro atentado perpetrado ayer en París contra la sede del semanario satírico “Charlie Hebdo” ha estremecido de nuevo al mundo por su ciega brutalidad. Más allá de las formales condenas formuladas por prominentes líderes del planeta, entre quienes se encuentran el papa Francisco y jefes de Estado y de Gobierno de toda Europa y de los Estados Unidos, las redes sociales de comunicación se encargaron de globalizar el espontáneo sentimiento de repudio que el cobarde atentado despertó en el ánimo de la gente alrededor del mundo. Con el lema “Soy Charlie”, millones de personas se hicieron eco del vil y cobarde acto terrorista que costó la vida de una docena de personas inocentes, incluyendo a diez dibujantes y empleados del semanario y dos policías.

No hace mucho tiempo nuestro diario se hizo eco de otro vil atentado terrorista, perpetrado esa vez contra una escuela en Paquistán, que costó la vida a 141 personas, entre ellas la de 132 niños. En nuestro comentario señalábamos que el fanatismo religioso está en auge alrededor del mundo, por lo que ningún país debiera sentirse indiferente ante la febril efervescencia del terrorismo religioso fundamentalista, en razón de que el mismo se está desparramando por el planeta, golpeando con brutalidad a cualquier segmento de la sociedad en el momento menos pensado.

Como efecto transformacional de la globalización sobre las creencias religiosas, ha habido un rebrote de la intolerancia y de odio viral contra el espíritu ecuménico del respeto a las creencias de las diferentes sociedades en el mundo. Entre todas las religiones de mayor predicamento, el islamismo es la religión más afectada por el recrudecimiento del fanatismo llevado al extremo. De hecho, en cierta forma la globalización ha desdibujado las líneas que antiguamente separaban a las organizaciones religiosas tradicionales dedicadas a la promoción de los valores humanos, morales y sociales, de aquellas que bajo invocación religiosa pregonan la intolerancia fundamentalista del “cree o muere” de los bárbaros tiempos de la expansión del islam en el mundo.

Últimamente la explosiva mezcla de política y religión ha llevado a la emergencia de grupos religiosos terroristas que, al influjo del fanatismo islámico, buscan objetivos políticos concretos, como el que en estos momentos pretende establecer un califato islámico fundamentalista en el norte de Siria e Irak, en perjuicio de sus propios hermanos árabes y de la minoría kurda que habita esa región. Lo mismo puede decirse de otras organizaciones islámicas terroristas que buscan cambios políticos por medio de la violencia sectaria no solo en el Medio Oriente sino en otras partes distantes del mundo, como el Cáucaso y Oceanía.

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Por otra parte, el cruento asalto contra la sede del semanario francés “Charlie Hebdo” no es el primero que ocurre en un país europeo. De hecho, los países del viejo continente y Estados Unidos, así como Canadá, están siempre en la mira de grupos terroristas islámicos como Al Qaeda. La muerte de su máximo líder, Osama Bin Laden, no le ha restado libertad de acción al grupo para seguir pregonando su mensaje del jihad violento con fines políticos, sobre todo para sacar provecho de la inconclusa “Primavera Árabe” de 2011 que, con excepción de Túnez, hasta ahora no ha logrado consolidar un orden democrático en Egipto ni en Libia.

Al Qaeda y otros conocidos grupos religiosos islámicos fundamentalistas continúan siendo peligrosos para los países democráticos del mundo occidental, porque no solo tienen bajo las armas a centenares de combatientes terroristas bien entrenados, sino porque decenas de miles de musulmanes han sido seducidos por su apelo al cambio político por medio de la violencia. La genuina democracia es el mejor antídoto que las naciones tienen actualmente en el mundo contra la proliferación del terrorismo político, como el propiciado por Al Qaeda y Hezbollah. “Si hay libertad, Al Qaeda se irá”, decía Osama Rushdi, un exlíder del principal grupo jihadista de Egipto.

Los líderes de los grupos terroristas islámicos, como Al Qaeda, insisten en que la violencia desatada en nombre de Dios es la única forma de lograr cambios políticos. De ahí nuestra advertencia en cuanto a que, aunque distantes de los lugares de conflictos religiosos, no debemos perder de vista la amenaza que a nivel global representa el fundamentalismo islámico. Por la misma razón, Paraguay no debe rehuir ninguna cooperación regional contra el terrorismo religioso fundamentalista al que sea invitado, pues Al Qaeda y sus afiliados son organizaciones transnacionales que cruzan las fronteras de los países sin previo aviso.

Los paraguayos no debemos perder de vista la amenaza que el terrorismo jihadista islámico representa para nuestra convivencia democrática en el caso de que, por la razón que sea, encuentre motivos para tentar alguna aventura extremista en nuestro país, más no sea para alentar a sectores políticos interesados en acallar la libertad de que goza la prensa entre nosotros desde el fin de la dictadura stronista hace un cuarto de siglo.

Como un medio de prensa de un país libre, no podemos sino condenar enérgicamente el atentado cometido contra el semanario francés y solidarizarnos con la sociedad de ese país en este terrible momento que le toca vivir.