08 de junio de 2006 - 09:06
Más muestras de la sumisión de la justicia ante los poderosos
Este artículo tiene 19 años de antigüedad Un nuevo episodio involucra a nuestra cuestionada administración de justicia. Una sentencia de primera instancia que fue apelada quedó congelada y nadie se ocupó de remitirla al tribunal de apelaciones; cuando por fin se hizo ya había expirado el plazo procesal respectivo y la causa quedó extinta. Si el juicio en cuestión hubiera estado dirigido contra cualquier ciudadano común, quizá pudiera suponerse que la demora mencionada se debió a mera negligencia, pero la persona beneficiada con la extinción de la causa es nada menos que Francisco Romero, esposo de la senadora colorada Ada Solalinde. Es necesario que los gobernantes adviertan que el pueblo está demostrando cansancio ante tanta corrupción y tanta desfachatez de los hombres públicos.