¿Por qué se echó atrás Lugo?

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La tarde del viernes 22 de junio, en vivo y en directo a través de los canales de televisión, todo el planeta vio y escuchó decir a Fernando Lugo en la conferencia de prensa que dio en el Palacio de Gobierno, que aceptaba su destitución como un hecho constitucionalmente irreprochable. ¿Qué lo motivó a desdecirse luego impúdicamente e iniciar su fatigosa campaña de reiteración de que su destitución se trató de un golpe de Estado, campaña en la que continúa empeñado? El problema subyacente en esta llamativa contradicción posiblemente consista en que sus padrinos bolivarianos le habrán reprochado haber admitido tan franca y rápidamente la licitud de aquel juicio y sus consecuencias. Los Chávez, Correa, Morales, Kirchner, Rousseff, Ortega y compañía le habrán reprendido a este mal alumno su recta actitud inicial, espetándole su “flojedad” por no resistir, por haberse retirado sin “luchar”.

La tarde del viernes 22 de junio, en vivo y en directo a través de los canales de televisión, todo el planeta vio y escuchó decir a Fernando Lugo en la conferencia de prensa que dio en el Palacio de Gobierno, que aceptaba su destitución como un hecho constitucionalmente irreprochable.

Dijo en esa ocasión palabras que están registradas para siempre en la historia del Paraguay y que no habrá manera de borrar. Textualmente fueron:

“Me someto a la decisión del Congreso y estoy dispuesto a responder siempre por mis actos como ex mandatario nacional”.

“Me despido como presidente de la República, pero no me despido como ciudadano paraguayo, y he de servir a nuestra Nación allí donde me necesiten”.

“Esta noche salgo por la puerta más grande de la Patria, por la puerta del corazón”.

Aquella tarde de su final, se lo vio a Fernando Lugo retirarse del Palacio de López calmo y sonriente. En ese momento tenía clara noción de lo que acababa de suceder, lo que se explica porque desde al menos dos días antes ya sabía que su juicio político y su resultado eran inevitables. Tuvo tiempo suficiente para acostumbrarse a la realidad, conversar con sus ministros aconsejándoles que organicen cuidadosamente la entrega formal de sus carteras, y para preparar su discurso de despedida. Lo que dijo aquella tarde frente a las cámaras y micrófonos fue lo que realmente creía y sentía, meditado sinceramente.

¿Qué le ocurrió después, en los días siguientes? ¿Qué movió a Fernando Lugo a desdecirse impúdicamente e iniciar esa su fatigosa campaña de reiteración de que su destitución se trató de un golpe de Estado, campaña en la que continúa empeñado? Ahora, desdiciéndose a sí mismo, se pasa repitiendo a todos los que quieren escucharlo que él fue apartado del cargo mediante un acto ilícito del Congreso y que sus derechos fundamentales fueron vulnerados.

El problema subyacente en esta llamativa contradicción del expresidente Lugo posiblemente consista en que sus padrinos bolivarianos le habrán reprochado haber admitido tan franca y rápidamente la licitud de aquel juicio y sus consecuencias. Recuérdese que el canciller chavista Nicolás Maduro estuvo ese mismo día aquí, en el Palacio de Gobierno, tratando desesperadamente de soliviantar a los militares en vista de que los partidarios de su protegido no eran tan numerosos ni tenían tiempo como para crear condiciones de violencia social susceptibles de forzar el retroceso del proceso político en marcha.

Los Chávez, Correa, Morales, Kirchner, Rousseff, Ortega y compañía le habrán reprendido severamente a este mal alumno su recta actitud inicial de aquella tarde del viernes 22 de junio, espetándole su “flojedad” por no resistir, por haberse retirado sin “luchar”. Más aún, sabiendo que los tenía a todos ellos para respaldarle y solventar las campañas propagandísticas necesarias para convencer al mundo de que se había salvado de ser víctima de una frustrada conspiración del “imperio”, de los “oligarcas”, de las “transnacionales” y demás clisés a los que nos tienen habituados Chávez, Correa y Evo.

No resta otra interpretación posible para la llamativa decisión que indujo a Lugo a dar un cambio tan radical a su primera postura, giro que ahora manifiesta a través de declaraciones y la publicidad de ellas que hacen algunos medios internacionales, presentando al Paraguay como un país en estado virtual de guerra civil, paralizado por las indignadas protestas populares contra el “golpe” y otras burdas falsedades similares.

Para peor, Lugo y algunos luguistas, aunque lo nieguen, impulsan “castigo” y presión sobre nuestro país, lo que perjudica directamente al pueblo paraguayo.

No contento con esto, con evidente satisfacción, el expresidente Lugo acaba de justificar el ingreso por la ventana del gorilón Hugo Chávez al Mercosur, hecho que debe interpretarse, en este álgido momento político regional, como un acto insultante para la dignidad de todos los paraguayos, que están sufriendo el peor de los infames avasallamientos de su historia reciente en el organismo regional del que es fundador, y del que está siendo ladeado injusta e ilegalmente por sus consocios, llevados por la repudiable codicia de hacer pingües negocios con el platudo déspota venezolano. Esto lo reconocen los propios miembros de la nueva Triple Alianza, Cristina, Dilma y “Pepe” Mujica.

Lugo, cual moderno legionario, no dudó en aplaudir la artera puñalada que le infligieron al Paraguay los nuevos representantes de la “Triple Alianza” con quienes se alió, un deshonroso estigma que llevará pegado a la piel por el resto de su vida.