Cuatro hermanos con capacidades diferentes, ejemplos de superación

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En la Colonia Delmás, de Ybytymí, cuatro hermanos con capacidades diferentes se constituyen en  ejemplos silenciosos de trabajo y honestidad. Las limitaciones físicas no fueron trabas  para buscar el sustento diario  a través de oficios. Pese al gran esfuerzo que realiza esta familia, el dinero  no alcanza para  acceder a tratamientos  que podrían mejorar su calidad de vida.


YBYTYMI, Departamento de Paraguarí. Esteban (37), Andrés (36), Adolfo (31) y Miguel (23) Torales Peña son hermanos paralíticos que viven en el extremo sur de la zona rural de Ybytymí, en la Colonia Delmás, a la vera de un camino vecinal, a 7 kilómetros de La Colmena.   

La carencia económica y las dificultades físicas no les impulsó a echarse en los semáforos a pedir limosna, como muchos compatriotas, sino que se ingeniaron para tratar de sortear las adversidades de la vida.   

Los hermanos Torales superaron los sinsabores de la vida, las precariedades económicas y las dificultades físicas y comenzaron a aprender sus propios oficios bajo el cuidado de la madre viuda, Máxima Peña (55), quien además cumple el rol de padre.   

Aunque Máxima no tiene la fuerza de un varón, se dedica a la labranza de la tierra para complementar la manutención del hogar.   

Esteban, el mayor de los cuatro hermanos, es zapatero y armero y jefe del hogar; Andrés se destaca en la reparación de televisores, radios, celulares y electrónica en general; Adolfo es relojero y también zapatero.   

El menor de todos, Miguel, de 23 años, se dedica a la reparación de bicicletas y refuerza incursionando en las tareas de todos sus hermanos en horas de la mañana. Este último es el más sano ya que aún camina con graves dificultades, pero su situación va empeorando.   

A raíz de su problema de salud, pensó dejar el colegio, pero algunos docentes y compañeros resolvieron turnarse para transportarle diariamente en motocicleta hasta la institución educativa donde cursa el último año del bachillerato técnico.   
  
Sueña con una computadora  

Comentan que eran niños absolutamente normales; sin embargo, entre los 11 y 17 años empezó a manifestarse en ellos la atrofia muscular. Tres de ellos ya no caminan y dominan con dificultad los brazos.   

Miguel señaló: "En cuanto a la enfermedad, voy yendo por el mismo camino de mis hermanos; no tengo dinero para mi tratamiento y cada vez voy empeorando; mi destino tendrá similitud con ellos, por lo que tengo infinitas ganas de seguir estudiando para salir adelante".   

Su sueño es contar con una computadora y estudiar informática para solventar la compra de medicamentos y tratar de evitar que la madre siga carpiendo: "Duele verla quemándose de sol a sol, para que no nos falte mandioca, poroto y maíz", señaló suspirando Miguel.   

"Muchas personas que están en óptimas condiciones físicas no trabajan ni estudian y son deshonestas. Nosotros demostramos que el que quiere trabajar puede hacerlo a pesar de las dificultades. Para nosotros, la necesidad y el sacrificio siempre sirvieron de escuela para aprender", señaló Esteban, quien vive en una casita independiente bien ordenada y con un baño moderno que mandó construir mediante sus ahorros.   

Manifiesta que anteriormente jugaba a la quiniela y que se dio cuenta de que no le resultaba para nada, por lo que optó en ahorrar. "La primera platita presté con interés a un amigo, algo que sirvió para la construcción de la casita". Explicó que sus hermanos que aún pueden subirse sin ayuda a la silla de rueda viven en la otra casa, en compañía de la madre, y ante la imposibilidad económica, siguen utilizando una letrina común.   

Aprietos económicos  

Doña Máxima estaba casada con Salustiano Merardo Torales, quien falleció hace 13 años. Comenta que trajo al mundo 14 hijos; dos murieron a los 9 y 4 años. Siguen con vida 8 varones y 4 mujeres, casi todos ya tomaron rumbos diferentes, a excepción de los cuatro hermanos con capacidades diferente y la menor de 18 años que está en el tercer año. Leandro, otro de sus hijos, tuvo que viajar a la Argentina para trabajar, mientras Roberto está en Asunción.   

Expresa que el marido dejó el trabajo como mejor legado, "no nos regaló pescado, pero nos enseño a pescar con honestidad; es lo que utilizamos como bastón para seguir adelante en el tramo muy complicado de la vida", dijo Máxima.   
  
Vendió sus tierras 

Recordó que cuando falleció su marido tenían 18 hectáreas de propiedad, de la que actualmente quedan menos de tres hectáreas, debido a que los tropiezos económicos obligaron a que vendieran de a poco.   

"Invertimos también en la educación de Roberto con la esperanza de que nos ayude cuando sus hermanos ya no puedan trabajar". En ese sentido no ocultó su preocupación respecto al futuro de sus hijos: "Ellos están empeorando, necesitan de tratamientos, pero con los pequeños ingresos apenas comemos; estamos imposibilitados para realizar otros desembolsos", señalo Máxima.   

Los jóvenes padecen de una enfermedad llamada distrofia muscular de Duchenne o distrofia muscular progresiva (DMD),  es un mal hereditario  mucho más común en varones que en mujeres.  Es de origen genético y produce destrucción del músculo estriado. Se manifiesta a temprana edad, pero es entre los 7 y 12 años que llega a afectar totalmente la movilidad de la persona que lo padece.