La naturaleza pasa la factura por la contaminación del lago Ypacaraí

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La naturaleza pasa la factura inexorablemente. El lago ya no aguanta tantos millones de litros de agua contaminada lanzados por las industrias y los numerosos núcleos de viviendas que crecieron en su cuenca. La polución se extiende al río Paraguay, a lo largo de sus costas sobre Asunción. La inversión en saneamiento es nula. Las autoridades lo saben, pero la prevención no es rentable políticamente.

Hace más de 35 años, ABC alertaba sobre las consecuencias de la contaminación en sistemáticas campañas que producían escozor en autoridades y empresarios emparentados con funcionarios que se aprovechaban de la impunidad de sus influencias.

Se trataba en vano de concientizar acerca de esta belleza natural, una de las más atractivas de nuestro país.

No figura entre las mayores del mundo. Es poco profundo.

No tiene un paisaje espectacular como otros paisajes lacustres. Pero es indudable que posee una belleza serena y agradable, que satisface al espíritu, con su hálito de leyenda, romance y relax. Tiene un imán que atrae a los que habitamos esta tierra y deja un recuerdo imborrable a los extranjeros que lo visitan.

Pero es cuestión de esperar los días de calor de noviembre para contemplar el paisaje del otrora conocido como lago azul, donde se originó la leyenda de la Virgen de los Milagros de Caacupé.

Aguas del infierno

Con un poco de exageración, son como aguas del infierno en un estanque; verdes, con espumas, con millones de insectos como manto, atraídos por el olor nauseabundo.

Una visita fugaz por los arroyos circundantes, tributarios, es decepcionante. Es como si hubiera pasado la peste. Están inutilizables. De hecho, hay cursos de agua que ya desaparecieron. “La modernidad” les pasó encima.

El solaz hay que buscarlo lejos al norte, o lejos al sur, si no a las playas del Brasil. Las opciones se han reducido a nuevos balnearios que se descubren a medida que avanza la ruta asfaltada en San Pedro, Canindeyú, Caazapá, Caaguazú.

Fábricas de caña, jabón y curtiembres eran las principales fuentes de contaminación hace más de 35 años. Hoy, el abanico de comerciantes oportunistas y aprovechados se multiplicó.

Según los expertos, si no se procede a ejecutar un plan agresivo de defensa, en 30 a 40 años el lago podría convertirse en una masa de agua estancada fétida y tóxica completamente peligrosa para el contacto humano.

Parar la contaminación, una promesa pour la gallerie

Las autoridades de todas las épocas prometieron parar la contaminación. Hasta los países de la Cuenca del Plata destinaron fondos para su protección y conservación.

Había una coincidencia de políticos, ambientalistas y los mismos propietarios. El Estado debía ocuparse de construir las plantas de tratamiento y cobrar compulsivamente a las empresas que no cumplían con este requisito.

En 1984, pocos días antes de la clausura arbitraria de ABC por el gobierno de Stroessner, se anunciaba la creación de una nueva entidad, la Fundación de Protección Ecológica y Desarrollo Integral de la Cuenca del Lago Ypacaraí, un rimbombante nombre pour la gallerie (para quedar bien con los demás).

Como otros años, se habían comprometido a defender el lago los intendentes de San Bernardino, San Lorenzo, Luque, Capiatá, Areguá, Itauguá, Ypacaraí y Pirayú y los titulares de las exclusivas entidades sociales de las áreas de influencia del lago.

“Nuestro deber es preservar la naturaleza que tenemos. Si no protegemos el lago puede deteriorarse sus condiciones en breve plazo”, decía con convicción (?) el intendente de Areguá, Manuel Páez Monges en 1990.

Mano dura

Hace apenas una semana, el fiscal José Luis Casaccia dijo haber imputado a 13 propietarios de industrias que depositan sus desechos crudos en los arroyos tributarios. Advirtió que para diciembre la cifra de sancionados podría trepar a 200 por lo menos.

El fiscal ambiental asegura que solo con mano dura podrán alinearse aquellos que, sin ninguna consideración, se llenan los bolsillos despreciando, abusando y destruyendo nuestro patrimonio natural, ese emblema nacional como es el lago Ypacaraí.

La ley establece cinco años de penitenciaría o multa, más la clausura del lugar de producción hasta la instalación y funcionamiento de la planta de tratamiento.

Jamás se cumplió la ley. Se precisa de medidas contundentes como dice que aplicará Casaccia, quien promete inclusive imputar a los intendentes por el delito de omisión, por su complicidad indirecta en la proliferación de estos atentados contra el ambiente. (Fin)

holazar@abc.com.py