Es el caso de la marmosa (Thylamys pusillus), una de las muchas peculiaridades de la fauna chaqueña y una de las zarigüeyas más pequeñas del mundo.
Aunque no poseen bolsa abdominal (marsupio), zoologicamente son marsupiales, porque después de tan solo 14 días de gestación ya nacen las crías, en estado incompleto de desarrollo. Se mantienen agarradas a los pezones de la madre entre su largo pelaje y así son transportadas hasta su crecimiento total.
Su llamativa cola, más larga que la cabeza y el cuerpo en total, le sirve para acumulación de grasa como reserva alimenticia para tiempos de escasez.
El Chaco es la zona más boreal de distribución de este mamífero relativamente desconocido. Las pequeñas marmosas prefieren un hábitat seco, donde viven en huecos de árboles y hoyos en la tierra.
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Se alimentan sobre todo de insectos; por eso son animales muy útiles. A pesar de ser muy parecidos, no son parientes de los ratones y no transmiten el hantavirus, la enfermedad tan temida en el Chaco.
