El obispo de Caccupé, Demetrio Aquino, pidió a la gran concurrencia que asistió a la celebración eucarística central que respondan con fuerza si creen en Dios Padre y Jesucristo y en la Iglesia, y si renuncian “a Satanás, a la falsedad, a la mentira que siempre corroen nuestra sociedad”, a lo que todos, incluidos el Presidente de la República (Gral. Andrés Rodríguez) y su comitiva oficial, contestaron levantando la mano derecha y pronunciando un sonoro “sí”.
El pedido fue hecho momentos después de concluir la homilía, en la que la verdad ocupó el lugar de mayor protagonismo. Monseñor Aquino había señalado que el pueblo está cansado de falsas promesas y decepcionado por tantas mentiras de las que son víctimas constantemente.
Entre la comitiva oficial, además del Presidente, se encontraban varios ministros, altos dirigentes políticos y jefes militares, y otras personalidades, todos los cuales juraron, junto con las aproximadamente 100.000 personas allí reunidas, respetar la verdad y luchar contra la corrupción y la demagogia.
“Ahora nos sentimos tan felices”, dijo después monseñor. “Ahora sí que hay promesa de construir el nuevo Paraguay, promesa de evangelizar, promesa firme de renunciar a la falsedad y de tener como bandera solamente a la verdad”.
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La celebración del 8 de diciembre ese año tuvo un cariz especial, ya que era la primera de la era democrática que comenzaba en nuestro país tras el derrocamiento de la dictadura del Gral. Alfredo Stroessner.
El obispo de Carapeguá, monseñor Celso Yegros Estigarribia, afirmó que el lema de la festividad mariana: “La nueva evangelización para el nuevo Paraguay” solo será posible cuando se convierta el pecado en buenos actos, la deshonestidad en honestidad, la mentira en verdad y, principalmente, cuando se pongan en la práctica las experiencias del Evangelio.
“Tenemos todavía privilegiados, delincuentes sin castigos y están además aquellas personas cuyas riquezas no tienen justificación porque han robado, y eso hoy no puede quedar impune”, señaló el arzobispo emérito de Asunción, Mons. Ismael Rolón, al referirse a la realidad actual paraguaya, publicábamos aquel 9 de diciembre de 1989.
El arzobispo de Asunción y presidente de la Conferencia Episcopal Paraguaya (CEP), Mons. Felipe Santiago Benítez, dijo que la posición de la Iglesia paraguaya apoya la homilía de Mons. Demetrio Aquino, en el sentido de considerar la falta de verdad como el principal obstáculo que enfrentamos para avanzar hacia la paz y el bienestar de la familia paraguaya.
Puente sobre el Aquidabán
1968: La sucursal propia de Impuestos Internos a un costo de 3 millones cuatrocientos mil guaraníes, el casino de suboficiales de la cuarta región militar, un comedor de tropas del Regimiento local, General Díaz, varios puentes armados sobre el río Aquidabán de 80 metros de largo en Paso Barreto, fueron inaugurados ayer (5 de octubre de 1968) en Concepción por el jefe de Estado, general de Ejército Alfredo Stroessner.
Igualmente, en Puerto Casado inauguró el monumento “A los Defensores del Chaco” construido por la firma Casado Limitada en homenaje a los excombatientes de la Guerra del Chaco y habilitó el tramo de 50 kilómetros de ferrocarril que se dirige al norte.
El avión presidencial que abordaron el jefe de Estado y selecta comitiva aterrizó en la aeropista de Concepción a las 07:15.
El ministro de Obras Públicas y Comunicaciones, general (SR) Marcial Samaniego, refirió que el puente habilitado sobre el río Aquidabán responde a una antigua y sentida necesidad y por él llegaremos al Apa, dijo.
“Nos acercará a Vallemí donde se está construyendo la gran fábrica moderna de cemento pórtland”, añadió el entonces ministro de Obras Públicas.
Carnavales
1980: El domingo 17 de febrero titulábamos “Brillante inicio de los corsos encarnacenos” en la página 11 de nuestro diario un reporte de nuestra redacción regional de Encarnación. El magnífico espectáculo de la primera ronda de los corsos encarnacenos comenzó con casi una hora de retraso para sorprender a propios y extraños con el único lenguaje que conoce las cosas buenas: la sencilla graciosidad del entusiasmo y el buen gusto derrochado abundantemente ante los ojos impávidos de un público que se sobrepuso a las lluvias que cayeron en las primeras horas de la noche, y se hizo presente en el escenario de la calle Mariscal Estigarribia.
