BUENOS AIRES (AFP).El Gobierno argentino celebró ayer diez años de gestión del fallecido Néstor Kirchner (2003-2007) y de su esposa Cristina Kirchner con un festejo popular en la histórica Plaza de Mayo de Buenos Aires.
El Gobierno le dio a la conmemoración un tinte patriótico porque coincide con la celebración del 203° aniversario de la Revolución de Mayo de 1810, que abrió el camino a la posterior independencia argentina.
Ese paseo público comenzó a poblarse desde primeras horas del sábado con seguidores y militantes del partido gobernante llegados en su mayoría desde la poblada periferia de la capital.
La céntrica Avenida de Mayo lucía repleta de banderas argentinas y de carteles donde, bajo el lema “igualdad y justicia”, se destacan los logros que se atribuye el gobierno, entre otros, crecimiento económico, cinco millones de nuevos empleos y planes asistencialistas como un subsidio denominado Asignación Universal por Hijo, que le llega a casi cuatro millones de personas (10% de la población).
Alejandra Cerviño tiene 28 años y es madre soltera de dos niñas, una de 18 meses que lleva en brazos y otra de 3 años que dejó al cuidado de sus padres, con quienes convive; no tiene trabajo y recibe un subsidio de un plan social.
Llegó junto a otros en decenas de autobuses que abarrotaron el centro de la ciudad para asistir a la convocatoria del gobierno.
“A mí, Cristina (Kirchner) es la única que me ayudó, vivimos gracias al plan, si no ¿qué hacemos? En el barrio todos la apoyan. Néstor fue un grande, lo mató gobernar, pero Cristina es más fuerte y nos tiene a nosotros”, dice Alejandra.
Sin embargo, la “década ganada”, como le gusta llamarla al gobierno, presenta luces y sombras que se traducen en una creciente inflación, que llega al 25% anual según datos privados y al 10% según las cuestionadas cifras oficiales.
“A mí no me parece una década ganada. Al principio todos estábamos felices como en la época de (la presidencia de Carlos) Menem (1989-99), pero ahora... cada vez nos parecemos más a Venezuela, lo que pasa es que allá están sentados en un trono de petróleo y acá la soja no da”, dice Alberto Condes, un portero de 65 años.
