El viernes, el premier australiano había dicho tener “mucha confianza” en que los ultrasonidos que se han detectado en estos días provengan de las cajas negras del vuelo.
Pero ayer, rebajando las expectativas de un pronto hallazgo, Tony Abbott declaró que “intentar localizar algo situado a 4,5 kilómetros de profundidad en el océano en una zona a cerca de mil kilómetros de las costas, supone un trabajo enorme, enorme, y es probable que tarde mucho tiempo”.
La semana pasada, una sonda hidrófona estadounidense arrastrada a baja velocidad por el “Ocean Shield”, un navío de la Marina australiana, había captado cuatro señales que podrían provenir del avión.
Los investigadores están llevando a cabo una carrera contrarreloj para localizar las cajas negras antes de que se terminen sus baterías y la señal sonora desaparezca para siempre.
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¿Llamada del copiloto?
Por otra parte, un diario malasio publicó ayer que el copiloto trató de hacer una llamada con su celular poco antes de que el avión desapareciera de los radares.
Según otra fuente citada por el rotativo, el teléfono móvil de Fariq Abdul Hamid fue “reconectado” a la red, pero no se sabe con certeza si hizo una llamada.
El avión habría volado a baja altitud cerca de la costa, permitiendo así que una red captara la señal del móvil del copiloto. Pero “una ‘reconexión’ no significa necesariamente que se hizo una llamada”, dijo esta fuente.
El ministro de Transportes de Malasia declaró: “No puedo comentar (estas informaciones) porque si son ciertas, tendríamos que haberlo sabido mucho antes”.
