El cerebro sufre cambios durante la adolescencia que suprimen los miedos aprendidos en la infancia, indicó un estudio que podría explicar por qué los adolescentes a veces son tan temerarios, y podría entenderse por el hecho de ocurrir en una etapa de la vida propia de exploración y aprendizaje.
WASHINGTON (AFP). Cuando los científicos compararon la forma en que un ratón joven reacciona al miedo, con respecto a la reacción de ratones aún más jóvenes o más viejos, los científicos hallaron que los adolescentes no se paralizan en la misma medida y que suprimían sus reacciones al miedo contextual.
Supresión en el cerebro
Un examen de la actividad cerebral en los ratones adolescentes mostró que las dos áreas del cerebro asociadas al procesamiento de las experiencias de miedo -la amígdala basal y el hipocampo- tenían menos actividad.
No se trataba de que los ratones adolescentes no consiguieran aprender a tener miedo, sino que sus cerebros no enviaban las mismas señales que los ratones adultos o niños.
"Cuando los ratones comienzan la transición a la adolescencia, ocurre una supresión del miedo contextual y de la actividad sináptica asociada", señala el estudio publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences.
Etapa de exploración
Aunque pueda ser exasperante para los padres, la respuesta temeraria podría ser útil porque ocurre en un momento en que los adolescentes están explorando y poniendo a prueba los límites de su independencia, cosa que no podrían hacer si estuvieran paralizados de miedo.
"Desde una perspectiva evolutiva, una supresión temporal del miedo contextual durante la adolescencia puede ser altamente adaptativa, ya que se produce justo cuando el ratón adopta conductas exploratorias para salir del nido", indicó el estudio.
Fármaco reduce miedo
BARCELONA, España (EFE). Un equipo de investigadores ha probado en ratones un fármaco que reduce el miedo provocado por vivencias traumáticas y que podría ser eficaz para tratar a personas con estrés postraumático, pánico y fobias.
El Estrés Postraumático (TEP) es una patología por ansiedad provocada por una situación altamente dramática, como un asalto violento, un desastre natural o un abuso físico.
La administración crónica de alimentos ricos en flavonoides ha demostrado efectos neuroprotectores. Estos se encuentran en alimentos como el vino tinto, los cítricos, los cereales, el té y el chocolate (con más del 70% de cacao), entre otros.