PEKÍN (EFE). El acuerdo, del que adelantó algunos detalles el secretario de Estado de la Santa Sede, Pietro Parolin, el pasado febrero, daría el visto bueno de Roma a siete obispos ordenados por la Iglesia Patriótica china, regulada por el Partido Comunista y desligada del Vaticano.
En el pasado, algunos obispos de la Iglesia oficial china fueron excomulgados por Roma, pero incluso prelados sancionados por tales medidas, como Vincent Zhan Silu (de la diócesis de Mindong), aseguran que “no hay obstáculos para el acuerdo si todos pensamos en el beneficio que obtendrá la Iglesia por el bien de la paz”.
Según señaló el sinólogo italiano Francesco Sisci, quien ha seguido durante décadas los lazos chino-vaticanos, el acuerdo “es más amplio que solo el nombramiento de obispos; también afecta a la vida de la Iglesia y podría ayudar a estabilizar no solo ordenamientos futuros, sino la vida de los presentes”.
El documento, cuya rúbrica sería inminente, podría renovarse cada dos o tres años, y fijaría otros asuntos comunes entre Roma y Pekín.
Taiwán
Pero el acuerdo no incluiría que el Vaticano rompa sus lazos diplomáticos con Taiwán, una de las condiciones que China suele imponer para dialogar con otros Estados y que el Gobierno de Pekín se contentaría con la apertura de una oficina de coordinación en este país.
A pesar de ello, los actuales contactos entre Roma y Pekín han causado nerviosismo entre la comunidad católica y el Gobierno taiwanés, que ve en el Vaticano a uno de los aliados diplomáticos más importantes entre los 20 Estados con los que mantiene relaciones.
Pero las negociaciones tienen sus opositores en el seno mismo de la Iglesia, encabezados por el cardenal y obispo emérito de Hong Kong, Joseph Zen, quien en una carta pública acusa a Roma de “venderse” al régimen comunista chino, en el que muchos católicos son perseguidos.
En China, otro texto publicado por católicos chinos en Asia News (medio ligado a las misiones vaticanas) aseguraba que la comunidad clandestina estaba siendo excluida de las negociaciones, porque en su opinión “olvida las persecuciones”.
La ruptura de los lazos diplomáticos en 1951, cuando el régimen maoísta expulsó al nuncio vaticano Antonio Riberi, sumada a la creación de la Iglesia Patriótica en 1957, dividió a los católicos chinos –unos 12 millones en la actualidad– en dos grupos: uno “clandestino” aún ligado a Roma y otro oficialista.
Francisco se ha mostrado conciliador con el presidente chino, Xi Jinping, y ha expresado repetidamente su deseo de visitar el país.
En el 2014 fue notable que China autorizara al avión papal a sobrevolar su espacio aéreo cuando Francisco regresaba de Corea del Sur: Jorge Bergoglio relató después que, mientras pasaba sobre el gigante asiático, rezó por los católicos de este país, que –en sus propias palabras– desearía pisar “mañana mismo”.
