Desde el Corcovado

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El martes a la noche Río de Janeiro fue sobrepasado en su capacidad de transporte y evacuación de pasajeros. Hubo un gran atascamiento y centenares de peregrinos fueron sorprendidos por la mañana deambulando por las calles.

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La lluvia empeoró la situación. Los paraguayos no tuvieron problemas.

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El régimen en los albergues es riguroso. Además del hacinamiento imprimen un horario estricto. Por la mañana abren de 7 a 8. En ese lapso todos deben abandonar los locales. Una vez todos afuera, cierran y vuelve a abrir de 22:00 a 00:00. El que no cumple el horario queda afuera.

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Ayer los paraguayos ya obtuvieron sus tiques para almuerzo, que permiten comer sin pagar en algunos locales. Con este logro se alivió la preocupación por la comida, porque comprarla cuesta un dineral.

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Los paraguayos ya se han mentalizado para lo que se viene. El sábado deberán caminar 13 kilómetros para llegar al Campo de la Fe, donde tendrá lugar la vigilia y la misa de envío.

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La sala de prensa es impresionante. Los brasileños armaron un gigantesco toldo que alberga a miles de periodistas. Se acreditaron 5.500. Todos dijeron que nunca vieron un despliegue semejante.