Anteriores ediciones de la Conferencia Nacional de Representantes Católicos habían dado pie a quejas del Vaticano.
Este año, la reunión de los representantes católicos chinos tuvo lugar en medio de una aparente distensión en las relaciones entre Pekín y el Vaticano, que buscan limar asperezas y encontrar puntos de reunión.
En el gigante asiático hay una Iglesia católica “oficial” (llamada “patriótica”) creado por el régimen comunista, y obediente al mismo; y otra de carácter semiclandestina que se mantiene fiel a la Santa Sede.
Los participantes en la cita destacaron su intención de “persistir en el camino católico con características chinas” y defendieron la “independencia” de su Iglesia con respecto al Vaticano, según el organismo que regula las actividades religiosas en el país.
El encuentro también sirvió para renovar las directivas de la Asociación Patriótica Católica, donde el obispo Fang Xingyao revalidó su mandato como máximo responsable; y de la Conferencia Episcopal, que también reeligió al obispo Ma Yinglin –no reconocido por la Santa Sede– como presidente.