DUBLÍN (EFE). La caída de esta barrera de dos metros y medio de altura forma parte de un plan diseñado por el Gobierno norirlandés, de poder compartido entre protestantes y católicos, para acabar con las llamadas eufemísticamente “líneas de paz”.
Una ciudad dividida
Las autoridades prevén que los 50 muros que aún están en pie en ciertas zonas de la provincia británica, la mayoría en la capital norirlandesa, serán derribados en 2023.
Las “líneas de paz” fueron erigidas durante el pasado conflicto en la región para ofrecer protección temporal a las comunidades afectadas por la violencia sectaria.
No obstante, casi 20 años después de la firma del acuerdo del Viernes Santo (1998), el texto que lanzó el actual proceso de paz, muchas de ellas aún separan a los unionistas, partidarios de la permanencia en el Reino Unido, de los nacionalistas, que aspiran a la reunificación de Irlanda.
Lugar de tensiones
En el barrio de Crumlin, la zona católica de Ardoyne y la adyacente Woodvale/Twaddell, de mayoría protestante, han sido foco de tensiones y violencia entre jóvenes de ambas comunidades, sobre todo durante la temporada de marchas de la protestante Orden de Orange durante el verano.
No obstante, las autoridades procedieron a su derribo el pasado febrero y ayer completaron este proceso con la inauguración de una nueva valla que permite a los vecinos de ambos lados ver sus respectivas casas.
Entre los invitados al evento estuvo el viceministro principal norirlandés, el nacionalista Martin McGuinness, quien recordó ayer que el proceso de paz avanzará gracias “al apoyo de las comunidades locales”.
La “verdadera paz”
“El derribo de una muralla 30 años después de erigirse no solo transforma el paisaje físico. Manda el sólido mensaje de que se está avanzando y que lo más importante no es que los ladrillos han caído, sino que ha sido posible por la decisión de la comunidad”, dijo el “número dos” de Sinn Féin y excomandante del ya inactivo Ejército Republicano Irlandés (IRA).
El ministro McGuinness recordó que la “verdadera paz” no está hecha “de piedra y cemento”, sino de “respeto y confianza”, factores que pueden contribuir a “generar reconciliación, mejor educación y oportunidades de empleo”.
“La reconciliación se ha visto obstaculizada por las divisiones físicas. Para poder construir comunidades realmente unidas y compartidas necesitamos remover esas estructuras”, recalcó en su emotivo discurso el dirigente nacionalista.
