Director del laboratorio de psicología del desarrollo y educación infantil del CNRS-La Sorbonne y autor del libro “Aprender a resistir”, Houdé preconiza un aprendizaje adaptado a estas mutaciones.
Preguntado sobre su concepto de “resistencia cognitiva”, Houdé explica: “Hay tres sistemas en el cerebro humano. Uno es rápido, automático e intuitivo. El otro es más lento, lógico y reflexivo. Un tercer sistema en el córtex prefrontal permite arbitrar entre los dos primeros. Permite inhibir los automatismos del pensamiento cuando se hace necesaria la aplicación de la lógica o de la moral. Es la resistencia cognitiva. Los nativos digitales deben reaprender a resistir para pensar mejor”.
Pantalla total
Esos 2.000 millones de jóvenes nacidos después de 1995, con internet, están decididos a construirse una vida alejada de los códigos y de las aspiraciones de sus mayores. Son “mutantes”, como los llaman algunos investigadores fascinados por su fusión con el mundo digital.
Navegan en varias pantallas y están acostumbrados al “todo, ahora mismo, en todas partes”. Les resulta normal pagar mucho dinero por el último teléfono inteligente, pero también conseguir gratuitamente películas y música en internet.
Esos jóvenes, de entre 13 y 20 años, se consideran abiertos de mente e innovadores, pero reconocen que son impacientes y testarudos.
Sus “amigos” de las redes sociales son tan importantes como los de la vida real y a veces acaban conociéndose en persona.
Desde los 16 años, incluso antes, frecuentan las páginas de contactos. Más de la mitad de los Z considera que la auténtica vida social transcurre en las redes sociales, donde el 84% tiene una cuenta registrada, según una encuesta de la agencia estadounidense JWT. Para ellos es más sencillo chatear que hablar.
Sus conocimientos
Sus padres no les podían ayudar con las nuevas tecnologías, así que se acostumbraron a los tutoriales en YouTube, a ser autodidactas. Integraron “el autoaprendizaje permanente”.
Han visto caducar varias tecnologías como los viejos reproductores de vídeo, relegados al mundo de las reliquias junto a las radios, los CD o DVD. Ahora todo se hace en la red donde ven cualquier cosa, incluidas la violencia y la pornografía.
Pasan más de tres horas diarias ante sus pantallas, según el gabinete norteamericano de estudios Sparks and Honey. Padecen “FOMO” (“Fear of Missing Out”), el miedo a perderse algo, y odian la idea de no estar conectados.
No les basta con consumir series y películas, quieren participar, crear su canal en YouTube o sus blogs de vídeo. Algunos adolescentes se volvieron famosos de esta manera, como el joven humorista estadounidense “Fred” (Lucas Cruikshan).
Están en varias redes sociales, como Facebook, Instagram, Snapchat, Twitter o Tumblr.
La mayoría navega por internet mientras ve la televisión y piensa que la tecnología lo hace todo posible.
Su atención es breve, más que leer, escanean, lo que a veces provoca respuestas superficiales a las preguntas de sus profesores.
Los Z frente al mundo laboral
Entre el 50 y el 72% de estos jóvenes quieren crear su start-up, según distintos sondeos. La palabra “empresa” evoca nociones muy negativas: “complicada”, “despiadada”, “una jungla”.
Para triunfar, confían en su “red” de contactos antes que en los diplomas, y prefieren una organización horizontal antes que una jerarquía. En esta generación que quiere realizarse, al 76% le gustaría convertir su hobby en su trabajo.
Los Z frente al futuro
Hijos de la crisis, tienen criterios muy definidos respecto a sus elecciones profesionales. En Francia, a salario igual, el 25% elegiría la empresa más divertida, el 22%, la más innovadora y el 21%, la más ética.
Deseosos de tener un impacto en el mundo, les gusta el voluntariado, que practica una cuarta parte de los jóvenes entre 16 y 19 años en Estados Unidos.
La mayoría de los Z se consideran “estresados” por el futuro, que se les antoja sombrío, sobre todo para el medioambiente y la economía.
