FISH KHABOUR, Irak (AFP).“Las tribus Mewet, Jawata y Kejala eran nuestros vecinos. Pero se unieron al Estado Islámico (EI), recibieron armas y les indicaron quién era yazidí y quién no”, añade Hasan.
Los yihadistas (musulmanes extremistas, partidarios de la yihad, “guerra santa”) atacaron hace casi dos semanas las localidades yazidíes colindantes con Sinjar, en el norte de Irak, obligando a huir a decenas de miles de personas. Quienes no consiguieron escapar, fueron masacrados.
Ninguna comunidad escapa a la crueldad de los yihadistas del EI, que desde que lanzaron su ofensiva el pasado 9 de junio se han hecho con el control de amplias zonas del territorio iraquí.
Los yazidíes, a los que consideran herejes por adorar una divinidad que los musulmanes asocian al diablo, están especialmente amenazados, lo que ha llevado a la ONU a advertir sobre un “potencial genocidio”.
“El EI hizo elegir a las tribus sunitas entre colaborar con ellos o matarlos, así que colaboraron”, cuenta Mahmud Haidar, un hombre de 24 años que también consiguió huir.
Uno de sus amigos de la infancia se unió a los yihadistas. “Fue un choque. El EI le lavó el cerebro y él comenzó a decirles quiénes eran yazidíes. Si me hubieran encontrado, me habrían ejecutado”, relata.
Muchos refugiados cuentan el horror que se cernió sobre sus localidades cuando llegaron los yihadistas y comenzaron a perseguir a los yazidíes.
“Había cadáveres por todas partes”, recuerda Judeida Husein, de 46 años. “Le decían a la gente que o se transformaban al islam –su islam– o iban a morir”.
En el campamento, Sibashe Jodr, de 18 años, cuenta conmocionado la desaparición de su padre, su hermano y sus dos tíos.
“Tenían fusiles, así que decidieron combatir al EI hasta que se quedaron sin munición. Sabían que iban a perder, pero querían darles tiempo a los demás para huir”, relata.
“Cortaban las muñecas de los ancianos con cuchillos, arrancaban los ojos de la gente, secuestraban a las mujeres (...). Hacen todo lo posible para que nuestra comunidad desaparezca de Irak”, explica Jodeida Bakr, de 35 años.
Una minoría incomprendida
El yazidismo es una antigua religión preislámica, e incluso precristiana.
Sus miembros consideran que yazidí se nace, no se hace, por lo que no buscan convertir a otros.
Su ser supremo se conoce como Yasdan. Se lo considera de un nivel tan elevado, que no se le puede adorar directamente.
Siete grandes espíritus emanan de él, de los cuales el más grande es Malak Taus.
Se considera a Malak Taus como el álter ego de Dios, inseparable de él, y en ese sentido, el yazidismo es monoteísta.
Su otro nombre es Shaytan, palabra árabe para diablo, y esto ha hecho que se etiquete erróneamente a los yazidíes como “adoradores del diablo”.
