El robot explorador chino Conejo de Jade comienza a rodar por la Luna

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El primer robot explorador chino, el Yutu (Conejo de Jade), se separó de la sonda Chang’e 3 y comenzó a recorrer el suelo de la Luna. El sábado, China se convirtió en el tercer país, tras EE.UU. y la URSS, en enviar una misión exitosa al satélite natural de nuestro planeta.

PEKÍN (EFE). La operación se produjo en la planicie lunar Sinus Iridum (Bahía de los Arcoiris), donde la sonda Chang’e 3 había logrado alunizar el sábado.

China, que logró con la Chang’e 3 el primer alunizaje controlado de una nave terrestre en 37 años, es también desde ahora el segundo país del mundo que coloca un robot explorador en la Luna, tras la Unión Soviética, que desplegó el Lunojod 1 en noviembre de 1970 y el Lunojod 2 en junio de 1973.

Alimentado mediante paneles solares y equipado con seis ruedas, un brazo mecánico y tres pares de cámaras, el Conejo de Jade –nombre escogido por votación popular– es capaz de excavar y de sondear mediante radar a profundidades de hasta cien metros.

También dispone de un generador termoeléctrico de radioisótopos, alimentado por plutonio, que le permitirá regular su temperatura y resistir las frías noches lunares, en las que la Luna puede alcanzar temperaturas de hasta 180 grados bajo cero.

Con un peso de 140 kilos y 150 centímetros de altura, el robot puede desplazarse a 200 metros por hora y el programa espacial chino espera que funcione plenamente durante tres meses.

Durante su misión, instalará un telescopio en la Luna por primera vez en la Historia y observará la plasmaesfera (gas ionizado que circunda la Tierra).

El nombre Conejo de Jade proviene de una antigua leyenda china según la cual este animal vive en la Luna junto a la diosa Chang’e, una historia que descansa en la idea de que las manchas grisáceas que forman los mares lunares y que se distinguen desde la Tierra se asemejan a la silueta de un gigantesco conejo.

37 años después

Treinta y siete años después de que la URSS realizara el anterior alunizaje de un artefacto fabricado por el hombre, China logró posar en el suelo de la Luna la sonda Chang’e 3, reactivando una rama de la carrera espacial, la exploración lunar, que parecía olvidada desde los grandes hitos de los 60 y 70.

La tercera misión de las sondas lunares chinas Chang’e, bautizadas así en honor a una diosa que según leyendas orientales vive en la Luna, aterrizó con suavidad en el satélite terrestre, casi sin levantar polvo lunar, a las 21:12 hora local china del sábado (9:12 hora paraguaya), 12 días después de partir de la base de Xichang.

La maniobra se inició en la más cercana de las órbitas en la que la sonda se ha situado en los últimos días, a 15 kilómetros de la superficie selenita, desde donde comenzó a desacelerar su velocidad original de 1,7 kilómetros por segundo (6.120 km/hora).

Describiendo una parábola descendente, la nave se colocó en posición perpendicular sobre la Luna a unos 100 metros de altura, y desde allí planeó hasta la planicie Sinus Iridum, una amplia llanura basáltica nunca antes explorada.

Emitida en directo por varios canales de la televisión estatal china CCTV, la maniobra es –según el programa espacial del país asiático– una de las acciones más complejas de la historia de la carrera espacial nacional.

El logro convierte a China en el tercer país del mundo en ser capaz de llevar a cabo alunizajes controlados, tras EE.UU. y la URSS, y para la potencia asiática es además su primer aterrizaje en un objeto extraterrestre.

El anterior alunizaje suave había sido el de la sonda Luna 24, de la extinta Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, el 18 de agosto de 1976.

Durante su acercamiento a la Luna, la sonda china ofreció imágenes muy nítidas de la superficie lunar, ayudada por la ausencia de atmósfera y por encontrarse en la cara iluminada del satélite terrestre.

Pocos minutos después de posarse en la Luna, la Chang’e 3 desplegó paneles solares con el fin de acumular la energía necesaria para poder activar en la superficie selenita el robot móvil Yutu (Conejo de Jade).

Alimentado mediante paneles solares y equipado con seis ruedas, un brazo mecánico y tres pares de cámaras, el Conejo de Jade –nombre escogido por votación popular– es capaz de excavar y de sondear mediante radar a profundidades de hasta cien metros.