Pinto se había refugiado en la Embajada brasileña el 28 de mayo de 2012, y diez días después el gobierno de Dilma Rousseff le concedió el estatus de asilado político.
“Fue acogido por Brasil como perseguido político”, dijo Ferraço, del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), el más influyente de la coalición que respalda al gobierno de Rousseff.
“Era perseguido en Bolivia por denunciar el narcotráfico”, apuntó Ferraço, quien consideró la negativa del gobierno de Evo Morales a concederle el salvoconducto para viajar a Brasil como una “actitud propia de una dictadura arbitraria”.
El legislador brasileño dijo que el senador boliviano salió en un coche “oficial” de la embajada, escoltado por “fusileros navales”, y llevado por tierra hasta la ciudad de Corumbá, del lado brasileño de la frontera.
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Indicó que fue un viaje de “22 horas” y que Pinto fue recibido en Corumbá por agentes de la Policía Federal brasileña.
Luego, el propio Ferraço envió hasta esa ciudad un avión que le recogió y le trasladó a Brasilia.
