CARACAS (EFE). Las reiteradas amenazas del ministro de Energía Eléctrica y presidente de la estatal Corporación Eléctrica Nacional (Corpoelec) “no deben olvidarse”, escribió en Twitter el diputado electo Ramos Allup.
A través de la misma red social, ministro Luis Motta, también mayor general de la Guardia Nacional (GN, policía militarizada) intentó aclarar su amenaza y dijo que usó el término “escuálido” (que es como el chavismo llama a los opositores) no para dirigirse a quienes no apoyan al Gobierno, sino a quienes sabotean instalaciones.
“Opositor es el que tiene una posición política diferente a la del Gobierno. Escuálido es el que la tiene, pero sabotea; ese va pa fuera”, sostuvo.
El ministro ha sido blanco de censuras opositoras desde que se le escuchó su anuncio de despidos masivos por primera vez, el pasado 22 de diciembre, durante una manifestación de trabajadores afines a Maduro.
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“Me voy a radicalizar más que nunca y todo el que sea escuálido fuera de la corporación. ¡Fuera de la corporación!”, gritó Motta ese día en un discurso frente al palacio presidencial en el marco de movilizaciones oficialistas tras las elecciones parlamentarias de este mes, que dejaron 112 diputados opositores y 55 oficialistas electos.
Desde hace tiempo
El asunto recuerda una amenaza similar proferida en abril de 2013, tras las elecciones presidenciales ganadas entonces por Maduro, por el entonces ministro de Vivienda, Ricardo Molina, asimismo registrada en un vídeo.
Molina dice en la grabación que no le importan las leyes laborales, que no tolerará que nadie critique al Gobierno en su ministerio y llama a los trabajadores que simpaticen con el partido opositor Voluntad Popular a que dimitan o él mismo los echará.
“No acepto militantes de partidos fascistas, quien quiera ser militante de Voluntad Popular, ese partido fascista de Leopoldo López (máximo dirigente de esa formación, hoy encarcelado), que renuncie, porque si no renuncia yo mismo lo voy a botar”, afirmó Molina.
Carlos Vecchio, dirigente político de Voluntad Popular, rechazó el calificativo y sostuvo en esa oportunidad que lo dicho por Molina sí era “una conducta típica del fascismo”.