Los redactores del informe enviado a las Naciones Unidas describen trabajos forzados de más de 12 horas al día los siete días de la semana a cambio de una ración de unos veinte granos de maíz.
“Es una cantidad tan ínfima que los detenidos están obligados a rebuscar entre las boñigas de vaca para encontrar granos no digeridos y escapar así de la muerte”, señaló el comunicado.
Según el texto, difundido en París por la FIDH, las condiciones extremas de los campos de concentración se ven agravadas por enfermedades como la tuberculosis o la neumonía y, en conjunto, provocan cada año la muerte de entre el 20 y el 25 por ciento de los detenidos.
“Más de 400.000 prisioneros pueden haber muerto en los últimos años”, agregó el comunicado, que suscribieron también las organizaciones World Without Genocide, The Society to Help Returnees to North Korea o People In Need.
Además de los trabajos forzados y el hambre, los prisioneros “a menudo son víctimas de torturas, violaciones y, a veces, de ejecuciones extrajudiciales”, agregan las organizaciones.
Por ello, piden a la ONU que redacte un informe que esclarezca cuáles son las condiciones reales en esos campos.
