ESTRASBURGO, Francia (EFE).“Tenemos la obligación de reaccionar contra la barbarie”, dijo Hollande durante la celebración del Día Nacional del Deportado en el campo de concentración de Natzweiler-Struthof, el único del régimen nazi en territorio francés, y del que se cumplen 70 años de su liberación en manos de las tropas aliadas.
En Europa, señaló, “lo peor ha sido posible” y es necesario construir un mundo mejor “para que del sufrimiento surja la esperanza. Hay que hacer todo para que nada sea olvidado”, indicó el Jefe del Estado en una intervención en la que sostuvo que los deportados “nos recuerdan por qué Europa ha sido edificada”.
El Mandatario francés reconoció en ese sentido la labor que iniciaron el Consejo de Europa y del Tribunal Europeo de Derechos Humanos pocos años después de finalizada la guerra, y posteriormente la Unión Europea (UE).
“Pero el trabajo no está terminado”, aseguró en una alusión directa al este, por el conflicto ucraniano, y al sur, ante las muertes de inmigrantes en el Mediterráneo, sobre las que subrayó que se debe apoyar a los países de origen y acelerar las demandas de asilo.
Todos los beneficios, en un solo lugar Descubrí donde te conviene comprar hoy
Miles de deportados
En ese viaje de ida y vuelta al pasado no olvidó a los 52.000 deportados de Struthof, la mayoría partisanos y resistentes comprometidos de 33 nacionalidades, pero también judíos (11%), homosexuales y otros acusados de comportamiento asocial.
Como el deportado Robert Salomon, con su uniforme a rayas de deportado, su número (11.908) y el triángulo rojo de opositor político con la “F” de nacionalidad francesa, que rompió ayer a llorar cuando dijo en su alocución que la humanidad no debería vivir lo que los deportados vivieron.
Nada más llegar a Struthof, a unos 60 kilómetros de Estrasburgo, Hollande advirtió de que, aunque “lo peor puede pasar”, ser conscientes de ello también puede contribuir a evitarlo.
Tras visitar la cámara de gas, utilizada en ese centro para experimentos médicos, descubrió una estela con los nombres de los 86 judíos y cuatro deportados gitanos que murieron gaseados para formar parte de la colección de esqueletos imaginada por el alemán August Hirt, profesor de la Universidad de Estrasburgo.
El campo de Struthof fue uno de los más mortíferos del régimen de concentración nazi, con cerca de 22.000 fallecidos entre 1941 y abril de 1945, y a él fueron a parar también, entre otros, unos 81 republicanos españoles.
