“Tú puedes vivir de la agricultura tranquilamente” , dice Márquez.
Este espacio enclavado entre la estación de metro era hace años un terreno baldío, pero ahora es un cuarto de hectárea de tierra productiva de la que brotan acelga, remolacha, lechuga y otros productos “sin químicos” a precios económicos.
“Por la mañana se recolecta lo que está del día y se pone a la venta”, sostiene Márquez.
“Un kilo de lechuga en el supermercado está sobre los 20 bolívares (4,6 dólares), y aquí la vendemos a 10. Te dura una semana. Es regalado prácticamente. Además, es más sano”, manifiesta.
Con lo que rinden las ventas, se pueden cubrir los salarios y prestaciones de las ocho personas que trabajan en el huerto. “Es cuestión de organización, de autoabastecimiento”, insiste.
El presidente Hugo Chávez manifestó a principios de 2011 su deseo de reimpulsar la agricultura urbana, y desde entonces no ha dejado de anunciar millonarias subvenciones para transformar azoteas y otros espacios “ociosos” en patios productivos de alimentos para que –sobre todo los más pobres– puedan autoabastecerse al margen de la inflación y las cadenas comerciales.
El plan, inspirado en el modelo cubano y enmarcado en un gran proyecto con el que Chávez quiere volver a convertir a Venezuela en una potencia agrícola, ha permitido cultivar unos 21.600 huertos urbanos familiares, comunales o institucionales, para los que el gobierno ha ofrecido semillas, herramientas y formación para sembrar hortalizas libres de agrotóxicos.
Pero la oposición acusa al Mandatario de derrochar ingentes recursos económicos en este plan mientras el campo venezolano sigue sin resolver la crisis que arrastra prácticamente desde que el país pasó de potencia agrícola a petrolera, en los años 20 del siglo pasado.
A pesar de contar con 30 millones ha cultivables y de que el gobierno expropió casi 4 millones de ha. para dinamizar el sector, Venezuela importa hasta el 70% de los alimentos que consume, algunos comprados directamente con petróleo, y ciertos productos escasean cíclicamente, como la leche, el aceite, el café o el azúcar.
