Colombia es el país que registra el mayor número de niños combatientes en el mundo: 11.000 menores integran las filas de grupos insurgentes, sobre todo de las FARC.
El país lidera a nivel mundial el número de desplazados por un conflicto interno: 4,5 millones de colombianos se encuentran fuera de sus comunidades.
Las estadísticas que giran en torno al conflicto armado reflejan una crueldad extrema a lo largo de 50 años de enfrentamiento entre colombianos.
La guerra es sinónimo de muerte, destrucción y caos en una sociedad. Colombia es fiel reflejo del resultado que genera un conflicto armado.
Las FARC surgieron como brazo armado del Partido Comunista Colombiano y levantaron la bandera de la reivindicación social: una revolución armada para generar un nuevo orden social en el país.
El ideal de la justicia, la solidaridad y el poder en manos del pueblo movió a los guerrilleros de las FARC.
Pasaron 50 años y el ideal de entregar el poder a las masas populares se diluyó en una confusa historia de masacres, extorsiones y narcotráfico.
Reacción a las guerrillas
La presencia de las FARC tuvo como consecuencia la aparición de grupo paramilitares financiados por terratenientes, ganaderos y mineros.
Los paramilitares combatieron a los guerrilleros con la misma saña con que actuaban los insurgentes.
Ninguno de los bandos concedía espacio al enemigo; en medio de una población indefensa.
Cada grupo que ingresaba en una comunidad lo hacía con la misma crueldad que el anterior. Pueblos enteros fueron ocupados por la guerrilla, desalojados por los paramilitares y al final venían los militares o en orden inverso.
Muerte, dolor y destrucción dejaban a su paso. En los días que pasaron de nuestras publicaciones incluimos algunos relatos de hechos históricos en procura de que el lector pueda comprender la implicancia de una guerra y su impacto en el conjunto de la nación.
Gonzalo Sánchez, director del Centro Nacional de Memoria Histórica, suplicó: “Paraguay tiene que aprender de nuestra experiencia para no cometer los mismos errores, la guerra conduce a la muerte”.
Perspectivas en Colombia
En este momento, el gobierno de Colombia está negociando la paz con las FARC; existen expectativas razonables de pensar que se podrá llegar a un acuerdo con el mayor grupo guerrillero que tuvo América.
La firma del acuerdo es el inicio de un nuevo escenario: ¿qué hacer con los desmovilizados?
El Estado debe encontrar alternativas para los combatientes que entregarán las armas.
De momento se tiene como resultado la experiencia de los paramilitares desmovilizados: crearon las “bandas criminales” o Bacrim como se las llama aquí.
Los vicios de la selva lo llevaron a las urbes utilizando el narcotráfico, la trata de personas, la prostitución de menores y la extorsión como herramientas para generar ingresos.
Es el mismo desprecio que sentían por la vida como combatientes. Las fuerzas de seguridad ya tienen como escenario inmediato las Bacrim; de momento, los recursos están dirigidos a acorralar a la guerrilla.
El desafío de la desmovilización de la guerrilla, la recuperación de niños-combatientes y la aparición de las Bacrim forman parte del costo de la guerra.
La guerra puede terminar pero luego pasarán generaciones para absorber sus consecuencias sociales, políticas y económicas.
Colombia es el espejo donde Paraguay debe reflejarse como nación: la guerra no debe ser nuestra alternativa como camino.
roque@abc.com.py
