La unificación de todas las ciencias

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El descubridor del núcleo del átomo, Ernest Rutherford, alguna vez dijo: "Toda la ciencia es o bien física o colección de estampillas". Todas ellas están unidas entre sí en un árbol genealógico:  un punto subatómico.

 

Antiguamente, en la era prehistórica, el ser humano era una especie casi desvalida, que estaba prácticamente a merced de los caprichos de la naturaleza.   

Desde luego, había una intuición (o necesidad) de encontrar una manera de mejorar las chances de supervivencia en un mundo hostil.   

Uno de los primeros intentos de explicación, de por qué las cosas sucedían como sucedían, quizá dio origen a la noción de la existencia de entidades, personificadas, que controlaban los diferentes fenómenos naturales: los dioses.   

Es así que existía un dios del rayo, un dios del viento, un dios del fuego, de la primavera, las flores, e inclusive dioses de la cacería, la sabiduría, el amor o la guerra y hasta de la muerte. Se les ofrecía diferentes sacrificios, con el objetivo de intentar apaciguar sus iras u obtener sus favores.   

Pero con el pasar del tiempo, se fue notando que la naturaleza no es absolutamente caprichosa: después de la tormenta sale el Sol, después de la noche llega el día, después de menguar la Luna vuelve a crecer y después de arrojar una piedra al aire esta cae.   

Se vio que existían algunos fenómenos que son previsibles, y desde luego comenzó una lucha para descubrir cuáles son esos fenómenos y cómo se comportan. Empezó a haber una noción de que la naturaleza tiene algunas constantes.   

La cantidad de dioses a los que había que apaciguar fue disminuyendo, hasta que llegó un momento en que, en la psiquis humana, surgió la noción de que no hacía falta orar más que a un solo dios: el que creó todo.   

Es así pues que hemos redescubierto que todo conocimiento parte de una duda. Como dijo Sócrates de un político con reputación de sabio: "Bien, aunque yo no supongo que ninguno de nosotros sabe nada realmente hermoso y bueno, yo estoy mejor que lo que él está, porque él no sabe nada, y piensa que sabe. Yo no sé ni pienso que sé. En este último particular, entonces, parece que yo tengo una leve ventaja sobre él. Entonces fui a otro, que tenía aún más altas pretensiones filosóficas, y mi conclusión fue exactamente la misma".   

La parábola de los tres ciegos de la India  

En ciencia se suele contar una famosa parábola que coloca nuestra situación como la de tres ciegos en la India, que tanteando su camino se toparon un día con un misterioso animal. Intentando descubrir qué bicho era, uno de ellos palpó una parte del mismo y dijo: "Esto parece una serpiente". En el acto, otro también lo palpó y corrigió: "No, esto parece una vaca".

Así que el tercero también palpó al misterioso animal y anunció su resultado: "Esto parece un hipopótamo". En realidad uno estaba palpando la trompa, el otro la cola y el tercero una pata de un animal que completo resultó ser un elefante.   

De la misma manera, hemos desarrollado diferentes especialidades para intentar entender cómo es el Universo que nos rodea. Tenemos, por ejemplo, a la biología, a la química y a la física, pero todas ellas en alguna parte se comunican y forman un todo.   

Y las teorías que se usan para explicar los diferentes fenómenos, en los diferentes campos, en algún punto se unirían y formarían una "teoría del todo".   

Y el lenguaje de todas aquellas teorías, las ecuaciones matemáticas de cada fenómeno, serían simplemente aplicaciones particulares, ecuaciones matemáticas "despejadas" a partir de una única ecuación, la ecuación que explicaría todo, absolutamente todo en el Universo.   

Lo que se puede ver al pararse sobre los hombros de gigantes   

La primera gran unificación probablemente surgió cuando Newton descubrió la Ecuación de la Gravitación Universal, que describe que todos los objetos tienen gravedad y esta se esparce por todo el Universo.   

Por primera vez se descubrió una ecuación que, bajo las mismas circunstancias, es válida en todos los lugares que podamos ver, aun al otro lado de la galaxia, en otra galaxia y muchísimo más allá.   

Otro gran fenómeno natural, el magnetismo, se comporta de manera similar. Una gran unificación de ecuaciones ocurrió con el descubrimiento de una relación entre el magnetismo y la electricidad, por Michael Faraday, y de este nuevo electromagnetismo con la luz, por James Clerk Maxwell, ambos en el siglo XIX.   

Con el descubrimiento del electrón, de carga eléctrica negativa, por J.J. Thompson, y del núcleo atómico, de carga positiva, se comprobó una relación entre la física y la química, en la virada del siglo XIX al XX. Fue en este contexto que surgió la reflexión de Rutherford que abre el presente artículo.   

Fuimos conociendo aún más a este animal llamado Universo con el descubrimiento del comportamiento de fenómenos en altos campos gravitacionales y llegando altísimas velocidades, gracias a la famosa ecuación que relaciona la materia con la energía, por Albert Einstein, hace un siglo.   

El estudio de la relación de la biología con la química comenzó con el monje Gregor Mendel y el hereje Charles Darwin (defensor de la evolución por azar), hace siglo y medio, y tuvo su punto culminante cien años después con el descubrimiento, por James Watson y Francis Crick, sobre datos de Rosalind Franklin, de la estructura de la molécula del ácido desoxirribonucléico (DNA), una molécula que se puede reproducir.   

Develamos que el mundo de lo pequeño se rige por la aleatoria mecánica cuántica, desarrollada (desde fines del siglo XIX) por Max Plank, Neils Bohr, Erwin Schrödinger, Werner Heisenberg, Enrico Fermi, Paul Dirac, Wolfgang Pauli, John von Neumann, Richard Feynman y otros, y cuya relación general con el mundo de lo grande aún no se ha descubierto.   

El conocimiento científico es, pues, colaborativo y acumulativo. Como reconoció Newton ante su rival Robert Hooke: "Si yo he visto un poco más lejos es porque estaba parado sobre los hombros de gigantes".   

La máquina de Dios   

¿Dónde, pues, se une todo? Probablemente en el Big Bang. El modelo del Big Bang, descubierto con los trabajos de Edwin Hubble, monseñor Georges Lemaître, Georgiy Gamow, Arno Penzias y Robert Wilson y otros, a lo largo del siglo XX, es relativamente simple: al principio había un punto minúsculo a una temperatura increíblemente alta, y luego vino una enorme expansión y un lento enfriamiento. De ahí surgió todo lo que hay, todo lo que hubo y todo lo que habrá.   

Si pudiéramos ir al revés, tal vez podríamos ver cómo fue este proceso. Y esto es justamente lo que se trata de hacer en los enormes aceleradores de partículas: se toma una pizca de algo, se lo acelera casi a la velocidad de la luz y se lo estrella contra un blanco.   

Ecuaciones que rigen el Universo habrían sido una sola  

Se espera que la desastrosamente violenta colisión lo acerque a las condiciones que esa pizca de Universo tenía hace unos 13.700 millones de años, en su génesis. Ese era el momento en el cual todas las ecuaciones que rigen el Universo, conocidas o por conocer, habrían sido una sola.   

No hay ninguna garantía de que podamos descubrir tal cosa. "Sin embargo, dice el cosmólogo y defensor del ateísmo Stephen Hawking, si descubrimos una teoría completa, con el tiempo será entendible por lo menos en principio por todas las personas, no solamente por unos cuantos científicos. Entonces todos nosotros, filósofos, científicos, y simplemente la gente común, podremos formar parte de la discusión de la cuestión de por qué es que nosotros y el Universo existimos. Si encontramos las respuestas a eso, será el máximo triunfo de la razón humana, porque entonces conoceríamos la mente de Dios".