Ante la atenta mirada de su padre, el maestro Ziauddin Yousafzai, quien la animó con 12 años a escribir un blog con seudónimo para la BBC denunciando los problemas de las niñas en Pakistán, Malala aprovechó para reclamar la atención de la Unión Europea para los millones de menores en el mundo que no tienen acceso a la educación.
Malala dedicó su premio a la Libertad de Conciencia “a los héroes sin nombre de Pakistán y a todos los que luchan por los derechos y las libertades”.
Ataviada con un sari, la niña se mostró segura en su discurso e incluso empezó su alocución bromeando sobre su estatura y la del estrado desde el que le tocó dirigirse al hemiciclo.
“Me he puesto tacones, espero que puedan verme bien”, dijo ante cientos de eurodiputados y decenas de personalidades.
“Hay que cambiar de mentalidad. Un país no es más fuerte por el número de soldados que tiene, sino por su índice de alfabetismo”, señaló.
