TOKIO (EFE, AFP, Reuters). El vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, de la Casa Blanca rebajó el tono de la Administración Trump frente al régimen que lidera Kim Jong-Un, en un momento de tensión máxima en la región por las exhibiciones de poderío militar y la intensificación de la retórica belicista por ambas partes.
Pence propuso someter a Norcorea “más presión y aislamiento”, aunque sin descartar “otras opciones”, esta última presumiblemente sobre intervención militar.
Tras reunirse en Tokio con el primer ministro japonés, Shinzo Abe, Pence afirmó que Washington aspira a “poner de acuerdo a la comunidad internacional ” para “aplicar más presión diplomática y económica” a Pyongyang y tratar de empujarlo hacia la desnuclearización.
Tanto Pence como Abe hicieron un nuevo llamamiento a que China se involucre más en resolver el enquistado problema norcoreano, el mismo día en que el ministro chino de Exteriores, Wang Yi, recalcó también el “compromiso” de Pekín con la desnuclearización de la península coreana y con el uso de “medios pacíficos y diplomáticos”.
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Desafiando las presiones internacionales y las resoluciones de la ONU, Corea del Norte intentó el domingo pasado sin éxito lanzar un nuevo misil y se teme que el país se esté preparando para llevar a cabo un sexto ensayo nuclear.
En ese contexto, el viceministro norcoreano de Relaciones Exteriores, Han Song-Ryol, dio a entender que Corea del Norte contaba con acelerar el ritmo de sus disparos balísticos.
“Vamos a llevar a cabo ensayos de misiles semanal, mensual y anualmente” , dijo al tiempo que amenazaba con una “guerra total”. Presión
Corea del Norte podría anticiparse a la posibilidad de un ataque estadounidense golpeando a Corea del Sur o a Japón, por lo que Tokio y Seúl miran con preocupación la subida de tono del discurso de Washington.
Al respecto, Mike Pence reiteró el compromiso de su país de garantizar la seguridad de Japón frente a la amenaza norcoreana de efectuar un ensayo nuclear “por semana”.
Pero a Tokio le conviene que EE.UU. se centre en presionar a China, el único aliado que le queda a Pyongyang, que además es su mayor socio comercial, y que Pekín interceda para que el régimen norcoreano acceda a volver a la mesa de negociaciones sobre su programa nuclear, abandonadas en 2009.
