Esta mosca pertenece a la familia de los sírfidos (comúnmente moscas de las flores o cernidoras) y sus larvas son “comensales no invitados” de las droseras o plantas atrapamoscas, cuyas hojas están cubiertas por numerosos tentáculos que segregan sustancias pegajosas que simulan ser gotas brillantes de rocío, un cebo para atraer y capturar a los insectos.
Sin embargo, las larvas estudiadas “logran ser inmunes al letal adhesivo de las droseras y robarles el alimento”, explicó uno de los investigadores.
“Se conocen varios casos (...) pero este es el primero en el que una mosca es capaz de robar las presas capturadas mediante secreciones adhesivas de una planta carnívora que se alimenta de insectos”, afirmó.
Cuando finalizan su desarrollo, estas larvas “ladronas” se desplazan a la parte inferior de las hojas que, al no ser pegajosa, no supone ningún peligro para la continuación de su ciclo biológico.