El jueves, el vicepresidente Michel Temer del centrista Partido del Movimiento de la Democracia Brasileña (PMDB), tras reunirse con los líderes aliados en la Cámara de Diputados, anunció que no hay tiempo para un plebiscito y una reforma antes de las elecciones generales de octubre de 2014, como quiere Rousseff.
Poco después, ante periodistas sorprendidos, Temer volvió atrás y dijo que el gobierno mantiene su empeño en los cambios a contrarreloj.
“El Gobierno sabe que tendrá que desistir del plebiscito y la reforma inmediatos, pero no quiere darse por vencido tan rápidamente, ya que primero pidió una constituyente y ya tuvo que retroceder ante el rechazo del Congreso”, dijo Carlos Lopes, del Instituto Analise.
La realización de un plebiscito para impulsar una reforma política que regule la financiación de campañas y el voto distrital para que los parlamentarios tengan mayor representatividad, es la principal respuesta lanzada por la presidenta a las protestas callejeras que sacudieron a Brasil durante la Copa de las Confederaciones.