Se suicida con veneno en pleno tribunal

Este artículo tiene 8 años de antigüedad
Imagen sin descripción

LA HAYA (ANSA). Slobodan Praljak, un excomandante de las fuerzas croato-bosnias en Bosnia en la guerra de 1992-95, murió ayer tras ingerir veneno en pleno recinto ante el Tribunal de la ONU para los crímenes de guerra en la ex Yugoslavia.

Los jueces suspendieron la audiencia después de que los abogados del acusado informaran que su cliente había bebido veneno de una botellita, que durante la lectura de la sentencia tenía escondida entre sus manos.

Toda la escena fue transmitida en directo por TV.

Praljak, de 72 años, murió poco después en un hospital cerca de ese Tribunal de La Haya.

“No soy un criminal de guerra y con desdén rechazo la sentencia”, gritó el excomandante antes de beber el veneno, en las que fueron sus últimas palabras, después de que los jueces confirmaran en apelación la sentencia en su contra a 20 años de cárcel.

Los crímenes que se le achacan incluyen, entre otros, la deportación de bosniomusulmanes de la ciudad de Mostar y la tortura, violación y muerte de unos 40 civiles.

Durante su mandato ordenó a su artillería destruir el puente de Mostar, llamado “Stari most” (puente viejo) y levantado en el siglo XVI por ingenieros otomanos.

Nacido en 1945, pasó la vida entre Croacia y Bosnia. Antes de la guerra, Praljak se graduó en ingeniería eléctrica, filosofía y en la Academia de Teatro y Cine de Zagreb y durante un tiempo fue profesor de distintas materias en centros de enseñanza superior.

Praljak también dirigió obras de teatro, series de televisión, telefilmes y documentales en los años 80. 

Falla de seguridad

Uno de los jueces destacó que lo ocurrido en el Tribunal es el resultado de “un grave vacío en la seguridad” de ese Tribunal, hecho que permitió a Praljak envenenarse en el estrado: “ha sido sin duda un gesto espectacular y simbólico, pero más grave que esto es precisamente el hecho que el suicidio haya sido posible”.

Ahora deberá investigarse cómo pudo entrar con el veneno a la corte.

“Un hecho de esta envergadura no puede quedar sin consecuencias”, precisó el magistrado.