Cubilla es un reconocido médico e investigador formado en la Universidad de Cornell, EE.UU., profesor emérito de Patología de la UNA y director del Instituto de Patología e Investigación. En el 2002 obtuvo el Premio Nacional de Ciencias, por sus contribuciones fundamentales a la patología del cáncer de pene.
Para el profesor, los fondos de US$ 98 millones que el Conacyt pondrá a disposición de los investigadores en los próximos cinco años representa un pequeño salto, pero que falta mucho más para despegar en el área.
“Para un país sin tradición de financiación de la ciencia y la tecnología, es un pequeño salto, pero que no nos saca del último puesto en Sudamérica. El Paraguay se ha rezagado científicamente no solo de los países desarrollados, sino de los vecinos y otros países latinoamericanos”, indicó.
Manifestó que las causas son culturales, especialmente “de su mediocre universidad, que persiste e insiste en su mediocridad. No han llegado a nuestro país las revoluciones científicas del mundo, ni tampoco las transformaciones educativas de la universidad. Se nos contagió la tradición ibérica del ais-
lamiento del progreso de Europa. Además somos una isla sin mar”.
Según Cubilla, la ciencia paraguaya es marginal o periférica, es decir se rige poco por los presupuestos de la ciencia universal. “Esto no pudiera ser un problema mayor, pero al mismo tiempo que se practica ciencia local debe alcanzarse universalidad, de lo contrario la marginación aumentará porque un nuevo conocimiento está relacionado con un futuro nuevo conocimiento y es preciso establecer esa cadena de progreso científico”, indicó.
Resaltó que un problema con nuestra ciencia es que existe una tendencia por parte de los administradores o políticos de dirigir la actividad de los científicos. “Es decir establecer de antemano las áreas de estudio y los temas de investigación desde una administración central. Esta elección sería en base a lo que se considera en ese nivel de decisiones, que también suele ser el de la financiación, como de prioridad para el país”, sostuvo.
El investigador afirmó que no se debe financiar solo un sector de la ciencia, fungiendo de “adivino” para ver cuál tendrá mejor resultado ni disociar las ciencias de la tecnología. Puntualizó que se debe apoyar tanto a las ciencias básicas como a las aplicadas.
Para el científico, en cada país del mundo, por pobre que sea, siempre habrá un grupo pequeño capaz de avanzar nuevas ideas y por lo tanto se hacen descubrimientos, por lo que Paraguay no es la excepción. Sin embargo, según su punto de vista, en el país no se crea conocimiento en la calidad y cantidad que requiere una sociedad moderna.
“Uno de los problemas es que la mayoría de las investigaciones son aplicadas y no fundamentales. Entonces ya se empieza con una repetición de ideas ajenas, porque qué es la ciencia aplicada sino la ejecución de una idea previa descubierta por otros. Es decir son copias de modelos foráneos. Entonces no se logra arraigar ni se es propietario de ese conocimiento y se lo debe comprar. No hay soberanía científica”, resaltó.
Destacó también que el científico local debe estar doblemente capacitado para que su ciencia pueda competir en el mundo y al mismo tiempo pueda tener un impacto en nuestro país.
Para promover más la ciencia en Paraguay, el Dr. Cubilla menciona que no solo se debe contar con buenos recursos económicos.
“La solución no es solamente económica, el oro no será suficiente si no se crean los ambientes académicos adecuados para que florezca la ciencia. Estos presuponen la existencia de un profesor investigador mentor trabajando a tiempo completo con un grupo de profesores más jóvenes y alumnos de pre o, más idealmente, de posgrado.
Según el investigador, debe existir una paga adecuada que les permita vivir a los científicos a un nivel de clase media, con bibliotecas que tengan acceso a numerosas publicaciones especializadas y textos clásicos renovables cada 2 años. Además, posibilidad de un viaje al año para intercambio científico o presentación de trabajos. “También son necesarios equipos laboratoriales adecuados a la actividad, instalaciones del laboratorio salubres, higiénicas y aireadas”, expresó.
“Además de los factores de infraestructura aún más importante son la libertad académica y la eliminación de las trabas burocráticas pseudolegales. También se requerirá de una gran reforma universitaria, lo que es improbable considerando la fuerte tradición profesionalista”, concluyó
Mañana: Héctor Nakayama, del Laboratorio de Biotecnología del Cemit.
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